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Cuentos y sus comentarios entre 2002 y 2003

 

Sus ojos
Cruzados
El cuarto oscuro
El intruso
Ella
El hacedor de cuentos
Puntos en común
La sagrada familia
Un viaje desprolijo

El sueño de Helena

La nieve caía tendiendo un blanco velo que cubría los alrededores de pequeños copos de algodón. Un fuego ardía dentro de la casa, produciendo un calor crepitante y agradable. El fuerte aroma a café inundaba los rincones, mientras el oscuro líquido escurría a través del filtro. Helena entró en la cocina con el cabello húmedo por el baño reciente, dispuesta a disfrutar de un merecido tiempo en soledad antes de que el día agonizara.

La cafetera rezongaba mientras los últimos vapores de agua pasaban por su interior y las postreras gotas de la infusión se demoraban en caer. Vertió una generosa cantidad de bebida en su taza y la endulzó a su gusto. El vapor impregnó su nariz. Los gratos recuerdos asociados al inconfundible aroma acudieron a su memoria, recuerdos de desayunos infantiles con café con leche y pan con manteca.

Tomó el libro con el que preparaba sus lecciones de inglés, acomodando todo sobre la mesa de forma tal de tener las cosas a mano. Buscó el texto que su profesora le había marcado y comenzó a leer cuidadosamente.


“Sometimes, when the sunset comes and all turns red coloured,
staring at the magic figures drawn by the clouds, your mind flies with them.
In the twilight, you can see the sun, vanishing beyond the horizon, far, unreachable, shining in a crimson flame, trembling through the white veil of your dreams.
They are unreachable too, drifting away more and more, like dead leaves moved by the will of the wind without destiny, hopeless.
Finally, the faint sunlight dies, the darkness gains all places around, and your dreams still breathing, still feeling, turning down among the shadows, waiting for tomorrow...”


Al terminar la primera lectura completa del poema quedó en suspenso. Había comprendido el sentido general del texto y se le había hecho un nudo en la garganta. No pudo dejar de pensar que este fenómeno le ocurría cada vez con mayor frecuencia. Se emocionaba con una facilidad asombrosa y tenía que luchar contra sus sentimientos para que las lágrimas no afloraran a sus ojos.

Le molestaba estar tan sensible, tan frágil. No era normal que la menor circunstancia actuara de disparador de sus emociones, desbordándola. Después de unos instantes se repuso. Comenzó a leer un párrafo por vez, intentando traducir las palabras a su lengua natal a medida que leía.


“Algunas veces, cuando el sol se pone y todo se torna rojizo,
contemplando las mágicas figuras dibujadas por las nubes
tu mente vuela con ellas.”


Helena cerró los ojos por un momento e imaginó la escena recreada por el poema. Pensó que había contemplado muchos atardeceres en su joven vida, muchos ocasos protagonizados por otro sol, muy lejos del lugar en donde vivía en la actualidad. Atardeceres que habían delineado con mano experta aquellos paisajes aprendidos de memoria, queridos, apreciados, y tan ligados a sus vivencias.

Había tomado la decisión de emigrar un par de meses atrás, al no poder soportar por más tiempo el caos imperante en su país. Siempre había creído que huir cobardemente del lugar que había cobijado su infancia y juventud era una especie de traición imperdonable; pero más tarde comprendió que no le debía nada a ese conglomerado de voluntades dispersas que habían pulverizado la fe en su tierra, en su nación, llenándola de furia y frustración.

Un día despertó por la mañana y después de considerar a conciencia la situación en la que se encontraba, reconoció que su única y real certeza era la incertidumbre; la incertidumbre de no saber qué sería de su vida en el futuro, la certeza de saber que fuese cual fuese el futuro por venir, no habría lugar en él para su proyecto de vida.

El llamado proveniente del exterior le había parecido como una salvadora tabla flotando en medio de los restos del naufragio, una salida para el desánimo en el que se encontraba sumergida, resignada. No dudó mucho en tomar la determinación de partir, casi sin mirar a su alrededor para no ver las caras de tristeza que la rodeaban, casi sin atender a las valederas razones de aquellos que lamentaban su partida.

Sus ojos y sus pensamientos volvieron a la indiferente página del libro, que la contemplaba impasible.


“En el crepúsculo, puedes ver el sol,
desvaneciéndose más allá del horizonte,
lejano, Inalcanzable, brillando en una cobriza llama,
temblando a través del blanco velo de tus sueños.”


Ella se había desvanecido más allá del horizonte al tomar ese avión; había vislumbrado el sol entre las nubes a través del húmedo velo de las lágrimas que no había sabido contener, mientras observaba cómo se alejaba de sus afectos, de sus raíces, dejando atrás su vida pasada. Le estaba costando adaptarse a su nuevo ambiente; al idioma, que todavía le daba dolores de cabeza; a la gente, amable pero distante; al hecho de sentir que estaba en un lugar “de prestado”, ganando el derecho a permanecer allí por mérito propio.

Sus sueños la habían arrastrado demasiado lejos en aras de poder concretarlos. Sueños cotidianos, domésticos, pero sueños al fin, se decía, como justificándose. Sí, había soñado, había imaginado una vida plena de cosas pequeñas pero trascendentes, sencillas pero edificantes. Estudiar alguna carrera, tener un lugar propio donde vivir, alguien con quien compartir ese lugar y transformarlo en un refugio, un hogar y finalmente, formar una familia con los frutos de su amor y de su vientre.


“Ellos son inalcanzables también, alejándose más y más como hojas muertas movidas por la voluntad del viento, sin destino, sin esperanza.”


Helena se dio cuenta de que ella misma había sido como sus sueños, como una indefensa hoja con la que el viento juega llevándola de un lado a otro a voluntad, un ligero jinete a horcajadas de un indómito corcel. Y se había dejado llevar, en busca de la llave que abriera la puerta de su destino, en busca de la quimérica aventura de ser ella misma, sin límites impuestos por bajos presupuestos y escasos recursos.

Claro que había un costo, un precio que debía ser pagado en cómodas cuotas, día a día, como expiando la culpa de querer soñar, de querer trascender la mediocridad y el embrutecimiento, de querer ser considerada como un ser humano y verse tratada y respetada como tal.

Otra vez sus ojos se empañaban sin que pudiera impedirlo. No era sólo tristeza; era una mezcla de rabia e impotencia que brotaba incontenible al comprender que no le habían dejado otra salida. No quiso quedarse a apostar los mejores años de su vida en un juego en el cual, probablemente, llevaría las de perder. No quiso arriesgarse a despertar un día reprochándose lo cobarde que había sido al negarse la posibilidad de explorar nuevos horizontes.

Miró por la ventana durante un momento. La nieve seguía cayendo, pintando toda la escena de blanco con lentos toques de pincel. Dedujo que el café ya estaría congelado y todavía no había probado ni una sola gota, tan presa había estado de sus reflexiones. Se obligó a continuar con la lectura ya que le quedaba sólo el último párrafo. Tomo un pañuelo y secó sus ojos lentamente. Enfocó el texto y leyó:


“Finalmente, la tenue luz del sol se apaga,
la oscuridad gana todos los rincones y tus sueños, aún respirando,
aún palpitando, se apagan entre las sombras, esperando el mañana...”


Cerró el libro con lentitud, sopesando las palabras que había leído. Sí, su sueño aún estaba vivo, aún respiraba dentro de ella y de ninguna manera permitiría que se apagase la llama que lo alimentaba. Era cierto que estaba lejos de sus seres queridos, que había perdido sus raíces y que vivía en un país extraño y distante; pero también era cierto que después de disipadas las sombras que oscurecían su alma y su espíritu en ese atardecer lejano y gélido, vería todo con un ánimo distinto, renovado.

Se levantó de la silla y se detuvo frente a la ventana, observando el paisaje ya enteramente blanco que comenzaba a ser invadido por la sombras de la temprana noche. Pensó en el último verso que acababa de leer. Quizás sus sueños se apagaban también entre las mismas sombras, esperando por el nuevo día, esperando la luz del sol, esperando por un venturoso mañana.
 

Carlos Donatucci

©2002

Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 26 . May . 04
Comentario de: 027 42 2941010
Email: sally@stfrancis.co.za
Pais:
Calificación: 8

COMENTARIO: Hello This is not a comment on your work but an enquiry. Do you know Camilla Donatucci/Gallarelli?? & Ilaria Gallarelli? PLease email me if you know how I can get hold of her. Many thanks Sally Gallarelli St Francis Bay South Africa



Fecha: 23 . May . 04
Comentario de: Guillermo Lopez-Cepero
Email: gulopez-2000@hotmail.com
Pais: Puerto Rico
Calificación: 9

COMENTARIO: Concidero que es un cuento muy profundo el cual muestra la gran prblematica del emigrante y la falta de identidad al desprenderce de sus raices directas Un gran cuento ! felicidades



Fecha: 24 . Mar . 03
Comentario de: Marcos Diaz
Email:
Pais: Mexico
Calificación: 10

COMENTARIO: Me gusto la forma en que abordas la tematica del poema, y le das vida a la esperanza . Del ser que tiene derecho a tomar la mejor desicion en la cual no puedes culpar a un tercero Gracias.



Fecha: 13 . Sep . 02
Comentario de: jose manuel
Email: lameravenamanuel@msn
Pais: mexico
Calificación: 5

COMENTARIO: son puras tonterias vallanse mucho a la chingada



Fecha: 03 . Sep . 02
Comentario de: Soleil Spar
Email:
Pais: USA
Calificación: 10

COMENTARIO: ¡Ay, ay, ay! Este cuento muestra el problema eterno del emigrante. Siempre, no importa de adonde uno viene, uno está con un pie en su país natal y otro en la tierra adoptada. Siempre el emigrante lucha con problema de mantener contacto con sus raíces o asimilar con la cultura la cual lo rodea. De todos modos, Sr. Donatucci, este cuento está bueno; se siente la angustia que arde eternamente en el corazón del emigrante.



Fecha: 27 . Aug . 02
Comentario de: mauricio
Email: estronzo@hotmail.com
Pais: argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: me gusto mucho, tal vez un poc cruel, porque estoy pensando en emigrar, pero me hizo pensar. te felicito.



Fecha: 22 . Aug . 02
Comentario de: Carlos
Email:
Pais: Venezuela
Calificación: 7

COMENTARIO: Comienza muy bien, el tema es muy bueno, no se si el texto en ingles es tuyo o copiado, pero es una buena idea transformar un texto en la experiencia de alguien, lo que pasa es que el cuento pierde fuerza a medida que avanza, no hay picos es plano y descendente. Pero es solo mi opinion y cualquier cuento es valido "per se".



Fecha: 10 . Aug . 02
Comentario de: Carlos
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: El cuento arranca con una fuerza que va perdiendo a medida que avanza, para terminar débil, arrastrándose. Lo fundamental está planteado de forma excelente, pero el se va cayendo el relato. Sugiero retomar la idea desde la mitad del cuento y renovarle sus ímpetus. Vas bien



Fecha: 09 . Aug . 02
Comentario de: Gustavo Diament
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Me permito disentir con el comentario de Carlos Ortiz: a mí sí me gustó el cuento. No sé si técnicamente es bueno o malo, o si esa calificación es pertinente. Más bien creo que un cuento (o cualquier hecho artístico) gusta o no. Y el cuento de Carlos me conmovió. Además, pienso que refleja muy bien una parte de lo que se está viviendo actualmente en la Argentina. Así que, por mi parte: ¡muy bueno el cuento, Carlos!



Fecha: 09 . Aug . 02
Comentario de: Sergio de Agostino
Email: SergioAgostino1@aol.com
Pais: Brasil
Calificación: 9

COMENTARIO: Emocionei-me com a experiencia vivida por Helena. Como a protagonista do conto avalio em toda a intensidade o drama vivido pelos argentinos nesse momento assaz doloroso. O autor soube transmitir esse sentimento, transformando-o em matéria de arte. Meus mais sinceros cumprimentos e minha solidariedade ao nobre povo argentino.



Fecha: 08 . Aug . 02
Comentario de: Carlos Ortiz
Email: ortiz5@att.net.mx
Pais: Mexico
Calificación: 5

COMENTARIO: Tocayo, Sinceramente no terminé de leer tu cuento. Tiene graves errores técnicos. ¿ Sabes lo que es la prosa? Es lo contrario de un rima y es indispensable en un cuento. Te sugiero eliminar las rimas.



Fecha: 07 . Aug . 02
Comentario de: Alberto
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 10

COMENTARIO: Muy buena la historia y la demostraci{on de los mixed feelings y culpas que lamentablemente hoy les tocan vivir a muchos que tomaron ese camino. EXELENTE !!!



Fecha: 07 . Aug . 02
Comentario de: fabiana sedano
Email: fabianasedano@ciudad.com.ar
Pais: argentina
Calificación: 9

COMENTARIO: I really liked the story a lot. It made me think about a cosin of mine who had to leave in January, and I think she probably feels like your character Congratulations Carlos Faby



Fecha: 06 . Aug . 02
Comentario de: Elsa
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 10

COMENTARIO: Es excelente!!!. Relata de manera muy clara los sentimientos de la protagonista. Los mismos reflejan la situación de millones de personas (hoy lamentablemente compatriotas, pero anteriormente nuestros abuelos europeos o de otros orígenes) que han debido vivir la misma experiencia. Es muy bueno el paralelismo que utiliza en la narración con la mezcla de ambos idiomas.



Fecha: 05 . Aug . 02
Comentario de: Laura
Email:
Pais:
Calificación: 10

COMENTARIO: Excelente clima y atmosfera. El cuento tiene una magia especial y me emocione mucho al leerlo.



Fecha: 05 . Aug . 02
Comentario de: Marcelo Pastor
Email: mpastor@tecsis.com
Pais: Argentina
Calificación: 9

COMENTARIO: Muy bueno y muy actual en nuestro país.

Arriba

Sus ojos

Es difícil distinguir si es buen jazz el que suena en la casa de al lado, se dice y los mira, aturdido por el humo y el mal vino. El piano parece meterse a tiempo detrás del saxo alto pero eso puede pasar hasta en un disco para la sala de espera de los dentistas. De chico apenas le hicieron el examen bucodental porque era gratis y todavía recuerda que cuando el dentista le aconsejó aparatos la madre contestó que era imposible dado que no tenían dinero. Una vez Arturo, sabe que se llamaba Arturo porque la enfermera que debía ser la esposa no le decía doctor sino que lo nombraba, le sacó una muela equivocada. Mal odontólogo Arturo que le creyó sin advertir que el dolor podía doler ahí y la muela mala ser otra. De todos modos la culpa es suya, acepta y los mira, porque a sus dientes fue él el que no los cuidó. Ya a los treinta años tenía la dentadura de un anciano y eso de alguna manera lo reconfortaba al compararse con Charlie Parker que se murió a los treinta y seis años y el médico que hizo el certificado de defunción, a simple vista, anotó que por lo menos el occiso tenía sesenta. No, seguro que no es Charlie Parker el que suena, piensa y los mira, deduciendo que el fraseo es demasiado melódico. Iba al dentista sólo cuando no quedaba más remedio que extirpar la pieza dentaria, lo cual hasta le producía cierto placer. El rito comenzaba desde que sentía la inyección de anestesia y luego poco a poco el deslizar suave del dolor hacia la nada, una especie de ausencia de si mismo, aunque solamente fuera en la boca. Pero el momento de mayor exaltación era cuando le sacaban la muela. Siempre le produjeron un raro placer las expulsiones. Un placer, no puede explicarlo mientras los mira, malsano, que lo remite a disfrutar de algo sucio, cierto palpitar frente a la escatología del pus arrancado de un grano como si estuviera destripando a un asesino grande y feo, sacándole las vísceras a alguien odiado y execrable, pongamos por ejemplo a cualquiera ante su imposibilidad de darle nombre o rostro a enemigos que no tiene, que no ha sabido tener, se confiesa. No parece el Dave Brabeck Quartet y mucho menos Oscar Peterson, razona y los mira y tal vez, se dice sin dejar de mirarlos, el buen jazz sólo suena en noches de invierno porteñas o de verano bochornoso en Tenesee y fuera de eso el jazz sea malo. Tal vez sin whisky ni un bar, arriesga y los mira, sin un amigo o una mujer fatal y viva, el buen jazz no exista. Tal vez Miles Davis no suena en noches como esta, donde quedarse en el pequeño altillo de la vieja casa familiar y vacía es tan estúpido como inevitable. Podría salir a caminar, se propone en vano y los mira. Recuerda que se debe el trayecto que une el pasaje Murcia con Luis Viale, o las calles que anduvieron Adán Buensayres y Jacobo Fijman. Tampoco caminó a fondo Palermo y sabe que eso lo inhabilita para entender a Borges, piensa, y se ríe de su pensamiento disparatado y pretensioso. Será posible, piensa y los mira, que todo sea mala literatura, peor, una literatura que se le quedó afuera de las hojas, al margen de los márgenes, más arriba del renglón de arriba y más abajo que el de abajo. Solamente un pedacito de madera de la mesa le ofrece un espacio en blanco pero ni una frase corta y contundente le sale, ni se le ocurre cómo describir un cuchillo o músculos en un frasco con formol. Ruindad, escribe apenas con un dedo sin tinta y los mira. Una ruindad, se confiesa y los mira, es lo que hizo de su vida. No quiere imaginar las hazañas que siempre imaginó. No quiere volver a soñar despierto y confirmar así todo aquello que no pudo ni podrá hacer. Si por un instante se dejara convertir en un asesino en serie o en un hacedor de milagros se le haría demasiado dolorosa la eternidad de no serlo. Un reflejo involuntario y violento mueve los dedos de sus manos,
tensándolos como tenazas, como cada vez que se le antoja la quimera de ser un músico alucinado, y cada vez la ausencia de trompeta fue un despertar siniestro, el regreso de un horror inútil, para reconocer su cotidiana realidad como un castigo
mucho más siniestro que la pesadilla de no ser él igual al que se deseaba soñado. Tampoco es Ray Charles el que suena en la casa de al lado, se dice y los mira, mientras deduce que debe estar ya bastante borracho como para pensar siquiera en esa probabilidad. Ray Charles es ciego y cuando toca el piano baila como un títere sin hilos, gracioso y torpe, genial, reflexiona, y lo imita. Aceptar que él no era un genio, recuerda y vuelve a reír, le llevó treinta años de su vida. No fue tan desagradable aceptarlo; al fin y al cabo nada más que otra decepción. Lo verdaderamente espantoso fue reconocer que durante esos treinta años había creído algo que no era cierto. Ni el Vaticano ha hecho estafa semejante a la que él hizo consigo, ni ha jugado nadie con una buena fe como burló él la suya, engañándose sin piedad, con una convicción y esmero para traicionarse, a moneda por año, como un Judas de si mismo, como un Pilatos disfrazado de Cristo, como un mártir de la nada, héroe de pacotilla. Excepto esa breve agonía en la fe de sus hazañas, descubrir que no era un genio fue casi una solución, susurra y sonríe resignado y los mira. Quedó liberado de la permanente zozobra por dar respuestas, suelto y liviano de las viejas ansias por ser un testimonio inapelable y un ejemplo. Nunca más a nadie, entonces, debió explicación. No era mala cualidad, argumenta sereno y los mira, dejar que fueran otros los que produjeran los acontecimientos, los que viajaran a Calcuta o compusieran Take Five. De allí en más creyó que podía esperar que la vida simplemente le sucediese, casi sin su intervención o por lo menos con una intervención cadenciosa, de buen espectador, educado, sin euforias, siguiendo el ritmo a ritmo correcto desde la platea. Con esa feliz docilidad, en ese plácido abandono vivía cuando la conoció. Fue nada más que una cuestión con sus ojos, literalmente. Cuestión, question, juega con las palabras y los mira, sinónimo de pregunta, alguna vez pregunta sinónimo de tortura, tortura desde aquella tarde en que los vio, sinónimo de ella. Un problema irresoluble sus ojos, una paradoja verosímil, una trampa trágica de mujer fatal y viva. Ignore esta señal, parecían decirle cada vez: venga y no nos mire, mírenos y váyase, váyase y vuelva para mirarnos, enloquezca. Andando enloquecido anduvo sin poder escapar del mapa que él mismo trazaba siguiendo la mirada de ella, lleno de puertas y ninguna salida. En apariencia nada le impedía olvidarse para siempre de sus ojos, pero había sufrido un encantamiento glorioso o atroz, poseído por el mal o la suprema santidad. Es mentira la voluntad, grita y se ríe, ahora casi idéntico a Ray Charles, y los mira. La voluntad le sirve sólo a los cobardes para gestos tan vulgares como dejar de beber alcohol o recibirse de abogado, pero para los actos heroicos no alcanza, más aún, es molesta y moralista. Para realizar hechos verdaderamente trascendentes, para robar el cáliz de una parroquia pobre o intentar cruzar un desierto tratando de encontrar a una mujer y soportarlo todo y al fin lograrlo y llegar a ella y mirar sus ojos solo un instante y luego inmediatamente regresar padeciendo el doble y sabiendo que toda su vida volverá a cruzar ese desierto nada más que para verla solo un instante, es necesario tener el alma desquiciada, la razón oscura, la sangre mezclada en el aliento, grita ahora sin reírse y los mira, orgulloso, satisfecho de haber sido capaz de aquella hazaña. Ella fue la eucaristía en ese cáliz y el maná prometido en el desierto y por sus ojos perdió resignación y creyó otra vez que su vida y que las cosas podían pertenecerle, héroe resucitado. No se puede hablar de amor en estos casos, razona y los mira. Cuando es tan grande el amor ya no se trata de amor. Es otra cosa, un sentido de más y malformado, un gen extraño que se desata, un milagro del demonio. Puede ser que sea John Coltrane, analiza y los mira, aunque la melodía parece excesivamente clásica. No hay modo de saber en esta noche terrible. No hay modo de distinguir si se trata de buen jazz o no el que suena en la casa de al lado. En ese aspecto con el tango no pasa lo mismo. El tango es bueno siempre aunque sea malo y Troilo era gordo, de acuerdo, acepta y los mira, pero era negro, un negro gordo y blanco equivocado y genial que se confundió y agarró un bandoneón en vez de un saxo alto, y Charlie Parker debería haber compuesto La Yumba, y Gillespie ser parte de la orquesta de Pugliese, y Amstrong arreglar las melodías para que todos toquen con él, desespera y los mira, en una noche triste como esta. Sus ojos son perfectos, argumenta y los mira, sin miedo a acusarse de exagerado. No haber sabido ser un poeta no lo descalifica para sentenciar cuando sabe una verdad absoluta, y sabe que hay una única verdad absoluta, indiscutible, heredera de algún misterio Divino: los ojos de ella, perfectos, le pertenecían. Todo lo demás, la guerra o las montañas, el mar o los recién nacidos, el universo entero o el resto de su cuerpo de dama sin límite, formarían parte del olvido. Qué importaba su sonrisa ingenua o su risa cínica, o las primeras noches en que contarse las vidas parecía el mayor descubrimiento, o su olor a jazmín, o la vez que bailaron Extraños En La Noche cantando mal a capella en el río, o el acuerdo entusiasmado para vivir juntos, o la alegría de ese tiempo en que creyó que la felicidad era un sitio a donde ir y había llegado. Nada de eso importó nada y tampoco haber descubierto que la felicidad era una mala escenografía, rápidamente desmontable, quedándose solo en escena, peor que desnudo, viendo como ella se alejaba dejándose ver exactamente en aquello intolerable, y tolerarlo, porque solamente importaban sus ojos, recuerda y los mira. No importaba ella, quién fuera realmente, lo que le pasara o lo que sintiera, no importaba él. Lo impostergable era aferrarse a su mirada como un niño al pecho de su madre, seguir teniendo fe en la perfección de sus ojos y en la ilusión de que le pertenecían. Ese fue su error, se confiesa y los mira, admitiendo que a ella no puede culparla. Cuando descubrió que se había engañado ya era tarde. En el mapa que él mismo había dibujado ninguna salida elegante era posible. No era posible, admite y los mira, decir adiós, ni hacer escándalos, ni plantear nada, ni desaparecer, ni volverse místico, ni pegarle, ni darle ordenes. La única posibilidad era seguir creyendo que sus ojos perfectos le pertenecían, incapaz de soportar el sufrimiento infinito de no verlos cuando ya no estuvieran frente a él. No era posible, acepta y los mira, otra solución, para poder dedicarse el resto de su vida a mirar esos ojos de mujer fatal y muerta, que le pertenecen, aplicado solo a eso, oculto en la vieja casa vacía, sin enterarse si el que suena es John Coltrane.

Claudio Ferrari

©2002

Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 30 . Dec . 03
Comentario de: cynthia
Email: lapibacantgina_90hotmail.com
Pais: argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: exelente. todo lo de el es exelente



Fecha: 01 . Oct . 02
Comentario de: Nicolas
Email: nicolasgarnerone@hotmail.com
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Tu bello y endemoniado cuento me hizo pensar que cualquier ser humano puede sufrir por un amor hasta la muerte. Te felicito por tu gran capacidad de expresion.



Fecha: 19 . Sep . 02
Comentario de: yo
Email:
Pais:
Calificación: 9

COMENTARIO: tu cuento me recuerda un poco a la novelita de el perseguidor de cortazar, tinenes una remembranza muy bien trabajada sobre la vida melancolica del boemio



Fecha: 23 . Aug . 02
Comentario de: Bruno
Email:
Pais:
Calificación: 9

COMENTARIO: Me gustó mucho encontrar un cuento que vuelve a narrar sólo desde lo que va sucediendo en la mente del protagonistay con una cadencia no lineal ni sucesiva, sino que simultanea. Su discurso fragmentado, sus ideas aparentemente sin enlaces, nos van develando poco a poco, hasta permitirnos ver al final, su enorme desolación, quizá su crimen.



Fecha: 22 . Aug . 02
Comentario de: C. feliu
Email:
Pais: Venezuela
Calificación: 7

COMENTARIO: Parece un atomizador de ideas, como si te hubieras sentado a escribir justo lo que iba pasando por tu mente sin orden ni concierto, el idioma es muy rico, usa signos de puntuacion, ordena las ideas.



Fecha: 15 . Aug . 02
Comentario de: Emiliana Kalina
Email: emilkalina@hotmail.com
Pais: Chile
Calificación: 8

COMENTARIO: Es un cuento precioso y aunque de un desarrollo muy simple esconde una gran profundidad. Ese personaje que divaga y divaga en sus múltiples pensamientos me deja ver el patetismo y el dolor que hay en la pérdida del amor, en la soledad, en la muerte. Felicitaciones, Claudio.



Fecha: 15 . Aug . 02
Comentario de: Toral
Email:
Pais:
Calificación: 8

COMENTARIO: Uno de los relatos de esta página que más de cerca me tocó . Te felicito



Fecha: 12 . Aug . 02
Comentario de: Nuria Espeche
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 10

COMENTARIO: Sutil y sin embargo apasionado. Me encantó la manera en que se va deslizando el relato. Todo el tiempo de lectura sentí la inminencia de que algo dramático sucedería. Sin apelar a descripciones morbosas, y sin ser obvio, el cuento nos completa la historia de un amor trágico. Excelente la manera de contar un amor sin ofrecer ningún dato biográfico de los protagonistas.



Fecha: 08 . Aug . 02
Comentario de: Carlos Ortiz
Email: ortiz5@att.net.mx
Pais: mexico
Calificación: 5

COMENTARIO: Claudio, Leí tu escrito y no entendí nada. Yo creo que una cosa es la profundidad de los pensamientos, y otra cosa muy distinta es dejar bien en claro lo que el escritor quiere decir. CREO QUE TE SERÍA ÚTIL QUE AL ESCRIBIR TENGAS PRESENTE SIEMPRE LA IDEA CENTRAL DEL CUENTO( Escribela en un ladito y no la pierdas de vista).


Arriba

Cruzados

Un ruido extraño me sacó del sueño profundo en el que me encontraba inmerso; atiné a extender el brazo semidormido, repleto de hojarascas revueltas que corrían por las venas y hormigueos típicos del miembro entumecido, adormecido. Pesadamente extendí la mano hacia la mesa de noche para encender la luz del velador, allí ya no estaba; en cambio mis dedos palparon una fría y mojada superficie, horrenda, resbaladiza, como si fuera aquello una enorme babosa helada, aquel impacto me sobrecogió; abrí los ojos ya del todo y de una vez, para contemplar estupefacto la figura erguida de espaldas a mí, de aquel ser inmóvil; era el sargento Sánchez; Toto vulgarmente lo llamaba. Al cabo de un año de estar juntos en la milicia y a pesar de ser él un sargento y yo apenas un soldado raso, nuestra confianza de amigos habitaba mas allá de las insignias; salvo en los casos de una presencia superior en la graduación militar y por respeto a él, lo seguiría llamando así, Toto.

Mi compañero montaba guardia, atento y sin percatarse de mi despertar; yo para graficarlo de alguna manera, yacía en el fondo del pozo de zorro, tapado con una manta verde y húmeda; el poco calor que mi cuerpo aún conservaba, la hacía desprender tenues rastros de vapor, en esos diez grados bajo cero en la trinchera de las islas Malvinas.

--Toto, ¿Qué hora es? —le dije quebrando el silencio imperante, que sólo el viento austral se animaba a desafiar en las noches de la guerra.

--¿Ya te despertaste? —dijo mientras observaba su reloj de pulsera, prosiguió--. Te quedan cuarenta minutos más, son las dos y veinte.

--¡No! Es suficiente, descansá vos, yo te reemplazo ahora mismo; ya no lograré dormir. Tuve un sueño horrible.

--¿Qué soñaste? ¿Contame?

--Dejalo así, sería revivirlo y con una me basta, ya esta, quiero olvidarme de eso, de mi casa, mi cama y la maldita paz que no tengo. ¿Cómo anduvo la noche? ¿Todo tranquilo?

--Sí. Es martes, no creo que usen sus cañones las fragatas, por lo que sé, hoy no les pagan doble a los ingleses. Pero ya se viene el jueves, viernes y el fin de semana, ahí si que parimos otra vez, nunca en mi vida pensé que me iban a gustar tanto los lunes y martes.

--Bueno al menos una noche de paz hoy, dormite tranquilo que ya estoy despierto del todo.

Me incorporé como podía, intentando liberarme de esa maraña de músculos tensos que era mi organismo. Ya de pie, sujeté el correaje a mi cintura, adosé dos granadas de mano mk5 a mi pecho, y así completé los preparativos para una nueva jornada de guardia, colocándome el casco y asiendo el fusil. Todo aquello lo efectuaba sin pensar, mecánicamente, como un torpe robot acéfalo, preparado para matar o morir. El Sargento, mi buen amigo, me sacó del autismo donde mi mente residía con una frase llena de simpleza, pero cargada de compañerismo y afecto.

--Antes de dormir, me tomaré una leche caliente, ¿Querés una Daniel? Te preparo —ofreció complaciente.

--Dale. Gracias Toto. Sacá mi jarro que esta debajo de la almohada.

--¡Pero mirá vos! ¿Ahora la llamas almohada? Dos tubos de granadas de mano envueltas en una manta.

--¡Y bueno! ¿Cómo querés que la llame? Si cumple la función de almohada, o acaso allí no es donde apoyamos nuestras torturadas cabezas noche tras noche, para aunque más no sea conciliar un sueño de mierda.

--Tenés razón, después de todo, no es tan incomoda; pero digo yo, ¿Dormir sobre una almohada de granadas no traerá malos sueños? ¿Será eso? ¡Sueños un tanto pesados!

--¡Ja, Ja! ¡No! No seas supersticioso Toto, además, recordá que es nuestro pasaporte seguro a la muerte, mirá si un día cae una bomba y nos deja agonizando, eso si que es feo, sufrir, en vez así con la almohadita salvadora. ¡Zas! Revienta todo y no nos enteramos de nada.

--Así es nomás, esperemos que eso no pase.

Se produjo una pausa casi eterna, pero lejos de hallarse vacía, abundaba en temores, ideas, deseos. Eran nuestras mentes que brillaban en destellos de locura, en la oscuridad de la incoherencia que era permanecer allí. Otra batalla extraña se debatía, una contienda oculta y real, que cada cual conocía a la perfección, aún sin comentarla, ni mostrarla; sencillamente aquel otro campo de batalla, era el duelo interminable entre quebrarse o seguir, y cada uno la peleaba con lo que podía en la quietud y el silencio de su interior.

Lo contemplé al sargento de reojo, sin que lo notara, no distrayendo la vista del frente en aquella noche cerrada, se lo veía frágil, delgado; estaba de cuclillas en el fondo del pozo negro, ahora tenuemente iluminado con la luz de una vela que él mismo fabricó con sebo de vaca. Como un ritual de cada noche y cada día, preparando la leche en polvo, colocando las pastillas de alcohol; lo seguí mirando, me dio ternura, tomé conciencia por un segundo, hoy estaba, mañana nadie lo sabía, así me vería él mientras yo dormía, comprendí que a pesar del poderoso fusil frío y temerario acunado entre mis manos, yo también era un ser frágil a la deriva en el mar de las suertes.

--¡Dany! Acá tenés, le quemé primero un poco de azúcar en el jarro, así es más rico, de lo contrario esta leche en polvo es insoportable. ¡Malditas raciones de combate!

--Gracias, esta buenísima. ¿Un poquito de ginebra no había para ponerle?

--No, se acabo anoche. ¡Que mierda! Tengo un hambre bárbara.

--Tendremos que seguir fumando, al menos hasta que pueda llegar el próximo avión con provisiones. Yo ya estoy en los tres atados por día. ¿Y vos?

--Sí, yo por ahí ando, total de algo hay que morirse, si no es una bomba, es por el cáncer de pulmón. ¡Y bueno, en fin! Será hasta mañana, al menos eso espero, chau Daniel, que tengas una guardia tranquila para bien de los dos.

--Que descanses Toto.

Era increíble, como siempre nuestros diálogos estaban plagados de frases que nadaban en incertidumbre, desarrollándose a ciegas, y siempre condicionadas a eventos venideros que imaginábamos pero no podíamos manejar. La guerra trae consigo entre otras cosas eso, dudas y más dudas de existencia, frases del tipo “Si me despierto mañana, te prometo, haré tal cosa”, “Tengo que arreglar un poco la trinchera, ¿Pero para qué? Quizá no haga ni falta”. “Si vuelvo a casa, me doy un baño de espumas y después me emborracho”. Era agotador, desesperanzador, remitir todos nuestros deseos de planificar al evento siguiente, que sólo Dios y el destino podían manejar, y al cual nosotros no teníamos presencia en las designaciones de aquellas determinaciones. Ni voz, ni voto.

Me quedé mirando el paisaje oscuro, para ser exacto, nada se veía, y allí en la espesa negrura de la noche cerrada, intentaba esforzar mis sentidos, hasta lo máximo y aún más, para ver o escuchar, de eso dependía parte de nuestra suerte de ver otro sol brillar a la mañana siguiente. Llegué a percibir ruidos a casi quinientos metros de distancia, y ver en la noche como si fuera el día. Que maravilla el cuerpo humano, cuando se lo pretende siempre da más, es el instinto de supervivencia que activa esta maquinaria casi perfecta, que pena morir, tantos millones de años de evolución para ser un resultado maravilloso, y al rato tan sólo, un sinnúmero de átomos dispersos, sin la magia de sus uniones que alguna vez formaron el sueño de sentirse real.

El Toto roncaba, dichoso él que podía, sería menos horas de padecimiento consciente, al menos ese era el recreo para escapar de la locura continua de esperar.

La noche paso, los días se continuaron. . .

Semidormido, como casi siempre, con el cansancio a cuestas de tantos malos ratos; extendí el brazo derecho acalambrado para asirme (aún con los ojos cerrados) de la pared de barro junto a mí, sentí un ruido fuerte al costado de mi oído y algo que estalló, de un brinco me incorporé decidido a todo, miré en la oscuridad hacía el sector de dónde procedió la extraña batahola; el velador de la mesa de noche yacía desecho en el suelo, al instante mi madre sobresaltada prendía la luz de la habitación; la miré, le sonreí. La guerra ya había terminado, otra vez estaba de vuelta en casa.

Daniel Grau

©2002

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Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 11 . Aug . 02
Comentario de: Vicens Jordana
Email: Verticalv@hotmail.com
Pais:
Calificación: 5

COMENTARIO: Yo creo que en literatura no hay normas y si las hay están para romperlas. Siempre con una condición claro, Hay que agradar o sorprender.



Fecha: 10 . Aug . 02
Comentario de: Carlos Ortiz
Email: ortiz5@att.net.mx
Pais: Mexico
Calificación: 5

COMENTARIO: Daniel, En la literatura existen convenciones que uno no debe pasar por alto. Y tú caiste en ese error. Lo Literario no es verdad ni tampoco mentira, es literatura. Es un tono de gris entre el blanco y el negro. El escritor debe trabajar intensamente para hacerme creer ese realismo que escribe. Pero es una falta de respeto o más bien una burla para el lector, decirle al final,: Eh, todo lo que te dije, era un sueño. Ese artificio se utiliza mucho en el cine, pero nunca es el desenlace de la pelicula.



Fecha: 04 . Aug . 02
Comentario de: Ileana
Email: guily@fibertel.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Daniel, pude leer tu cuento cliqueando en la sección "Autores". (Por un error de la página aparece en vez de Cruzados, otro cuento, El arma mortal.) Me pareció bueno que alguien en su literatura, reviva el horror de Malvinas. Para que no lo olvidemos nunca.

 


Arriba

El cuarto oscuro

Con señas le indicó al soldado raso la maniobra siguiente. Con sigilo y con el pulso firme tomó el picaporte y suavemente lo giró. La puerta se negaba a abrirse. Sin moverse giró los ojos en dirección a su superior; éste lo miraba fija y duramente como desaprobando su duda. Volvió a concentrarse en el picaporte y esta vez con un poco mas de convicción lo giró hasta que un ruido sordo se dejó escuchar desde el otro lado. Los dos se petrificaron por instinto y así permanecieron por unos segundos. El movimiento volvió a la escena cuando rápidamente el soldado pasó su mano por su frente para secar una gota de sudor helado. No se atrevía a mirar a su sargento; sabía que aquel tenía mas miedo e inseguridades que él. Quitó la mano del picaporte y esperó una orden. El sargento había olvidado ejercer su rango; en ese momento las jerarquías militares sólo eran una cuestión nominal. El mismo sargento sabía que sus nervios lo estaban traicionando y que poco a poco su vida dependía de su soldado. El subordinado comprendió el impulsivo ascenso que su superior le había concedido y sin decir palabra lo aceptó.


Aquí y ahora, 13 de Abril de 1987

Sabés cómo odio comenzar las cartas:

Ayer mientras almorzaba viniste a mi mente por cuarta vez en el día. Estoy harta de tu invasión, de tu dominio, de tu yugo en mi diezmada facultad de razonar. Aunque lentamente siento algunos elementos insurrectos que comienzan a sumar fieles. Es el comienzo del fin.
No quiero darte más razones para que pienses que cada vez estoy mas lejos de la realidad que te rodea, porque estoy más cerca de lo creés. Sin embargo un impulso egoísta me ahoga y reclama mi libertad. Me detengo y pienso que durante demasiado tiempo tomé una posición equivocada ante las cosas; entre esas cosas estas vos. Pero quiero que mis palabras emanen un oscuro y angustiante halo de misterio... Por que no hay nada, nada más amargo que la incertidumbre y su consecuente sentimiento de impotencia, aquella que ni con la más honesta resignación se logra reducir y menos aún superar.
No más atardeceres negros y grises amaneceres; no más lágrimas estériles; no más lúgubres interpretaciones de mi vida; no más de vos.
Odio mis contradicciones.


Y.S.Q.

Enderezó su espalda y decidió perder unos instantes para asegurarse de no dejar nada al azar. Su mirada recorrió toda la superficie del suelo del pasillo y los embarrados borceguíes de su jefe. Inmediatamente y sin mediar ningún aviso empuñó su arma y disparó a la cerradura. Pudo escuchar que el sargento soltó un grito que se ahogó detrás del estruendo del disparo. La puerta se abrió violentamente dejando ver sólo oscuridad. En el momento siguiente ninguno de los dos se atrevió a emitir un sonido. Sin estar conciente de ello, el soldado se acercaba lentamente al oscuro interior del cuarto. El sargento lo observaba absorto; y aterrorizado, prefirió quedarse en el ámbar resplandor de un foco que colgaba al otro extremo del pasillo. Ante sus ojos vio que su soldado fue absorbido por las oscuras fauces de la habitación.

En ningún momento y en ningún lugar; 15 de Abril de 1987

Sin encabezamiento:
Si los muertos tuvieran algún servicio de correo quizá nuestra comunicación sería mas efectiva, más dinámica. ¿Pero quién envía cartas a quién?

Y.S.Q.

El sargento aguardaba en el pasillo apoyado contra la pared para que sus temblores no lo tiraran al suelo. Estaba pálido y parecía estar tolerando el peso de un yunque en su espalda. Se secó el sudor de sus manos en su pantalón. La culpa y la cobardía hacían de azotes que flagelaban a su mente. Era él quien debería estar adentro de la habitación, sin embargo estaba en el pasillo aguardando que desde adentro le arrojaran un cadáver.


Aquí y ahora; 18 de Abril de 1987

Kkjghlhñfhadsñfb:

Hay veces que me desespera el no poder influir sobre el acontecer de las cosas. Es triste sorprenderse a una misma esperando que tu incorpórea presencia se materialice de alguna manera para calmar demandas y fantasías pasadas. Sé que estás por ahí, no se donde, pero mi carne se pudre en la espera y mi alma envejece. Es triste verme pasar las horas esperando que tu figura se deje ver atravesando el umbral, y que con tus palabras chorreantes de paz aquietes la intolerable caldera de pasiones que bulle en mis adentros. A veces puedo sentirte tan cerca que podría medir nuestra distancia con una regla; pero no estás, ni aquí ni ahora.

Y.S.Q.


En el dilema mas terrible de su vida, el sargento seguía paralizado mirando desde el pasillo el interior de la habitación oscura. Su corazón golpeaba su pecho de un modo grotesco a medida que perdía el ritmo. Sentía que sus sentidos, sus contactos con la realidad lo comenzaban a engañar. Pero antes de desvanecerse logró oír el grito que lo condenaría a la locura por el resto de su existencia. Contagiado perpetuamente por el horror de ese alarido, cayo inconsciente en el suelo.


No sé donde ni cuando; 21 de Abril de 1987

No sé si deba encabezar esta carta:
Ayer en mis recurrentes estados de lúgubre reflexión que me absorben del mundo, caminaba por el barrio sin rumbo y llegué a la plaza. Arrastrando mis pies y viendo a la vida brillar arrogantemente a mi alrededor, me senté en un banco sintiendo derrotado a mi cuerpo. Algunas nubes encapotaban la plaza y el Sol se mostraba renuente a concederme su luz. Mi piel era la frontera entre dos realidades antagónicas en ese momento. Afuera luz, adentro lágrimas. Pero todo esto no es nuevo para vos, no quiero aburrirte con mis repetitivos discursos.

Lo cierto es que me encontré con él. Pensé que ya había muerto hace años; no lo veía desde que vos te fuiste. Está viejo y perdido. Estaba sentado en una plaza mirando a la nada y dejando que las palomas se posaran sobre él como si fuera una estatua. Estaba con su viejo uniforme gastado, desteñido y mugriento. Debo confesar que se me congeló la piel y que me hirvió la sangre en el momento que lo reconocí, pero un fantasma interno hizo que me quedara sentada y lo observara. Hablaba solo, murmuraba, mejor dicho, y le faltaba un zapato. Su mente estaba profundamente erosionada por la locura. Pensé en acercarme y tomar venganza, pero me pareció que su realidad es suficiente castigo. Vos sos la inextinguible llama que quema su conciencia. Vos sos aquel que se perdió en la oscuridad de esa habitación. Por su cobardía hoy no estas conmigo. Hoy el viejo sargento está pagando las consecuencias con creces y para siempre.

Y.S.Q.
 

Fernando Ferrero

© 2002

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Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 07 . Jan . 03
Comentario de: PacoZ.
Email: fmhz@ciudad.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 7

COMENTARIO: El cuento está bien escrito, las cartas inclusas cumplen sus cometido, el lenguaje es bueno en general, sacando algunas (a modo de ejemplo: "...con tus palabras chorreantes de paz aquietes la intolerable caldera de pasiones que bulle en mis adentros".). El final es abierto, lo que no es objetable, pero acaso debieron darse más elementos de juicio. Lo inadmisible es que el autor se ponga díscolo con el lector que le hace una crítica. Pora formación tiene si aún no sabe que una vez publicado un cuento su interpretación por el lecotr no tienen poerqué coincidir con la del autor. El lecot se apropia de la hisotria y la desenvuelve con su capacidad imaginativa e intelecitva. No es buena referencia la necedad del autor. Al fin y al cabo debiera limitarse a agradecernos que le formulemos los comentarios atinentes.



Fecha: 05 . Nov . 02
Comentario de: fernando esteban
Email:
Pais: mexico
Calificación: 8

COMENTARIO: fernando ferrero en su cuento el cuarto oscuro con un narrador omniciente nos habla sobre dos personajes que son un soldado razo y un sarjento.este cuento tiene un orden prospectivo y una frecuencia singulativa y con unos cuantos minutos de lectura nos puede dar una clara explicasion sobre el resumen de esta historia.



Fecha: 17 . Sep . 02
Comentario de: DANIEL GRAU
Email: poetadebelgrano@hotmail.com
Pais: argentina
Calificación: 6

COMENTARIO: EL HECHO DE LA CREDIBILIDAD EN UNA HISTORIA ES SUMAMENTE IMPORTANTE, QUE YO COMO LECTOR ME CREA QUE ALGO ES POSIBLE, MÁS ALLA DE QUE SE ESTE ESCRIBIENDO UNA FICCIÓN, ES LA CLAVE Y LA DIFERENCIA ENTRE EL EXITO Y EL FRACASO DE UNA HISTORIA. LA REDACCIÓN ES BUENA, LA INTERPOSICIÓN DE LAS CARTAS CON LA ACCIÓN ESTÁ BIEN LOGRADA, Y CREO QUE LIMASTE CON PROLIGIDAD CUALQUIER ERROR, QUE DE HECHO NO EXISTE EN TU CUENTO, SOBRE AQUELLAS CUESTIONES TEMPORALES. TODO ESO ESTÁ MUY BIEN LOGRADO, PERO... SIEMPRE HAY UN PERO. !MALDITA SEA! LA CREDIBILIDAD MI ESTIMADO COLEGA, NO CREO POSIBLE, QUE ANTE UNA ACCIÓN, UN SARGENTO MANDE A UN SOLDADO, Y EL COMO HOMBRE DE FILA Y PREPARADO PARA ELLO, SE QUEDE LLORISQUEANDO COMO UN NIÑO ASUSTADO, ADEMÁS, NO ES FACTIBLE PERDER LA RAZÓN DE POR VIDA ASI DE FACIL, CON APENAS ESCUCHAR UN ALARIDO, HE ESTADO EN LA GUERRA, HE ESCUCHADO ALARIDOS, VI MUERTOS A MI LADO, EL RUGIR DE LAS EXPLOSIONES, ETC, ETC, Y NO PERDÍ LA RAZÓN, NI BALBUCEO EN LAS PLAZAS.OTRA COSA QUE NO EXPLICAS AL LECTOR,SI BIEN NO QUERES DECIR QUE HABÍA EN EL CUARTO, AL MENOS INDICAR PARA QUE HABÍA QUE ENTRAR ALLI, CON QUE OBJETIVO. Y PODRIA DECIRTE ALGO MÁS SOBRE LA CREDIBILIDAD.



Fecha: 29 . Aug . 02
Comentario de: Fernando Ferrero
Email: ferferrero@hotmail.com
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Querido Ricardo de México: Esta no es una cuestión de criterios... El cuento se explica por sí solo. Es claro que criticaste por el sólo hecho de criticar... Y además te tomaste la libertad de decir con ligereza: "¡Cuidado con las incoherencias!" Cuando ni siquiera entendiste el cuento... Por otro lado, también dices como primera regla del autor: "No te defenderás de las críticas de los lectores"... En eso estoy de acuerdo, siempre y cuando éstos sean idóneos y hayan comprendido realmente la obra, lo que en tu caso, conmigo, claramente no se ha ocurrido... ¡Cuidado con criticar sin comprender! Amistosamente... Fernando Ferrero (el autor)



Fecha: 29 . Aug . 02
Comentario de: Ricardo
Email:
Pais: México
Calificación: 7

COMENTARIO: Romper la Regla No.1 es como moverse en arenas movedizas: mientras más te mueves, más te hundes. Recuerda que estos comentarios los leen otros lectores... Siendo el autor podrías dar una no muy buena imagen con expresiones como: “El(mi) cuento se explica por sí solo”.



Fecha: 28 . Aug . 02
Comentario de: Ricardo
Email:
Pais: México
Calificación: 7

COMENTARIO: Regla No.1 de los Autores: "No te defenderás de las críticas de los lectores..." Ya releí el cuento. Lo siento, no cambié de opinión. Tal vez tampoco estés de acuerdo en esto que ahora digo: los autores debemos recordar que la masa de lectores siempre representa una diversidad de criterios; si el mío no se parece al tuyo, no te preocupes, otros comprarán tu idea...



Fecha: 27 . Aug . 02
Comentario de: Fernando Ferrero
Email: ferferrero@hotmail.com
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Estimado Ricardo de México: Lamento no poder enviarte este mensaje a tu dirección de correo ya que la que pusiste no es válida. Doy por seguro que has dado una rápida y poco atenta leida a mi cuento. En el comentario que dejas sobre mi cuento, dices que la muchacha no tuvo manera de haber sabido sobre lo que ocurrió dentro del cuarto y sobre la cobardía del viejo, ya que según tu interpretación del cuento, la muchacha sólo vió al viejo al final, en la plaza, ya cuando éste no hablaba. Para despejar tus dudas y apresuradas crítcas sobre inexistentes incoherencias, me remitiré a citar textualmente al cuento; en el último párrafo dice: "...Lo cierto es que me encontré con él. Pensé que ya había muerto hace años; no lo veía desde que vos te fuiste. Está viejo y perdido..." La sóla presencia de esta linea no deja dudas sobre el previo conocimiento de la muchacha y el viejo; ella lo vió cuando ocurrió la desaparición del soldado y, lógicamente, desde ese momento estuvo al tanto de lo que realmente aconteció.



Fecha: 26 . Aug . 02
Comentario de: Ricardo
Email: ric@hotmail.com
Pais: México
Calificación: 7

COMENTARIO: Está muy bien que no se sepa qué ocurrió en el cuarto. Pero no está bien que la muchacha comente lo de la oscuridad de la habitación y sobre la cobardía del viejo, si ¡no tenía manera de haberlo sabido! De acuerdo al texto, el viejo no hablaba, sólo murmuraba y ella decidió no acercarse. ¡Cuidado con las incoherencias¡



Fecha: 23 . Aug . 02
Comentario de: Salvador Hernandez
Email: chava_hdz@hotmail.com
Pais: Mexico
Calificación: 8

COMENTARIO: "Uno llega a ser grande no por lo que escribe si no lo que lee" BORGES. Interesante y enigmatico tanto que he imaginado varios sucesos posibles dentro de ese cuarto que te puedan hacer perder la razon. Suerte y que tu bella ARGENTINA siga por buen camino



Fecha: 22 . Aug . 02
Comentario de: C Feliu
Email:
Pais: Venezuela
Calificación: 10

COMENTARIO: Demasiado bueno, lo mejor es que nunca se sabe que pasó en aquel cuarto, en realidad es irrelevante en tu historia. Las cartas mezcladas con la acción, la relación entre el sargento y la que escribe las cartas, la diferencia de lenguage entre las cartas y la acción, coño es perfecto. Felicitaciones de un simple aficionado



Fecha: 16 . Aug . 02
Comentario de: OTTO CHOC CHE
Email:
Pais:
Calificación: 8

COMENTARIO: Con sueños le indicó añ al soldado raso la maniobra siguiente. con sigolo y con el pulso firme tomó el picaporte y suavemente y lo giró los ojos en direcíón a su superior; éste lo miraba fija y dura mente desaprobando su duda. Volvió a concentrarseen el picaporte y esta ves con un poco más de convición lo giró asta que el ruido sordo se dejó escuchar desde el otr dado. los dos pertificaron por instinto y asi permanecieron por unos segundos. el vomimiento volvio ala escena cuando rapidamente el soldado pasó su mano por su frente para secar una gota de sudor elado. no se a trevió a mirar su sargento; sabía que aquel tenia más miedo e inseguridades que él



Fecha: 10 . Aug . 02
Comentario de: Carlos
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 10

COMENTARIO: Tiene estilo, se maneja el suspenso de manera inteligente y la forma en que intercala cartas y acciones es magnífica.



Fecha: 10 . Aug . 02
Comentario de: Carlos Ortiz
Email: ortiz5@att.net.mx
Pais: éxico
Calificación: 7

COMENTARIO: Fernando, Leí tu cuento. Y quiero decirte que es muy interesante el estilo de entrelazar dos historias que al final coinciden para dar sentido a la obra. Pero considero que te hace falta más claridad, hacerlo menos complicado para el lector. Recuerda que los lectores somos muy flojos. Otro detalle importantisimo de comentar es que: No está claro lo que sucedió en el interior del cuarto oscuro. Que tan traumático pudo ser aquello que el sargento se trastornara. ¿Solamente la cobardía? No lo creo. Esto hace que el desenlace tenga muy poca fuerza.



Fecha: 07 . Aug . 02
Comentario de: Raúl
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Generalmente no opino cuando el cuento no me gusta. Este me ha gustado, inclusive, me parece de lo mejor que he leído en está página. Ya que hay muchos buenos cuentos que suelen ser predeciblemente buenos y eso es lo que sobra. Este esinesperadamente bueno.



Fecha: 06 . Aug . 02
Comentario de: Betty Araque
Email:
Pais: Mexico
Calificación: 9

COMENTARIO: Trasmite. No todos tienen esa gracia y este escrito trasmite.



Fecha: 04 . Aug . 02
Comentario de: Ileana
Email: guily@fibertel.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Interesante. Suspenso muy bien llevado.


Arriba

El intruso

Gertrudis tejía sin alzar los ojos mientras, como lo hacía siempre, le contaba a Micaela los pormenores del sueño de la noche anterior.

Micaela revolvía la caja de fotos sin prestar demasiada atención a la narración; bien sabía que, soñara lo que soñase su hermana, en algún momento aparecería aquella cara pasmada, entre absorta, asombrada y distraída —ella nunca hacía sabido definir exactamente la expresión de aquella cara— encajada en un cuerpo que le podía quedar grande o pequeño, que la miraba fijamente, sin conexión lógica con el sueño en sí mismo.

—Dejá de tejer y vení a mirar la foto de cuarto grado— dijo Micaela, tratando de arrancar a su hermana del recuerdo de aquel sueño repetido y de aquella cara porfiada.

Gertrudis se calló; a Micaela, que nunca soñaba, le causaba desazón aquella evanescente presencia que sólo conocía a través de sus relatos.

—En la tercera fila está Remigio —comentó Micaela sin dejar de mirar la antigua foto escolar.

—Hace poco lo vi; está igualito, con la misma cara de marmota —comentó Gertrudis mientras recogía el ovillo que rodara por el piso.

—Del padre de Remigio no me acuerdo— agregó Gertrudis, luego de meditar un instante, momento en el que, por primera vez, alzó la vista del tejido.

—¡Cómo no te vas a acordar; era el almacenero de Laprida y Mansilla, el que tenía el negocio frente por frente al departamento del pintor loco.

—¿Xul Solar?.

—¡Ese mismo!.

—El padre de Jeremías; y no era loco sino genial —dijo Gertrudis con seguridad.
—Xul Solar no tenía ningún hijo.

—Sí tenía; se llamaba Jeremías; fijate en la foto, me parece que está en la punta de abajo, en el extremo de la fila, a la derecha.

—¡Sabés que del de la punta de la derecha no me acuerdo! —comentó Micaela luego de mirar atentamente.

—Fijate bien, es uno alto, despeinado; tiene el moño torcido.

—Te está fallando la memoria, tan buena que la tenías; el alto y despeinado es Jeremías pero ni era hijo de Xul Solar ni está en la punta de la foto. Te repito que del de la punta no me acuerdo y si querés que te diga la verdad creo que nunca lo vi —dijo Micaela luego de una prolongada observación.

—Te digo que Jeremías es el de la punta, en la fila de abajo; tiene el moño torcido y cara inteligente— insistió Gertrudis mientras destejía una hilera de puntos del pull-over.

—Y yo que no, ése es el anteúltimo; el de la punta, es bizco, tiene las medias caídas, parece distraído y no tiene guardapolvo; ¡ni se cómo lo dejaron salir en la foto sin guardapolvo!.

—¿Pero qué foto estás mirando?. Nadie podía estar sin guardapolvo; sin guardapolvo no te dejaban entrar a la Escuela, menos salir en la foto recordatoria. Mirá que esa foto me la sé de memoria. Fijate bien, Jeremías está en la punta, justo debajo de Paco Saldueña, el que me escribía poesías—circunstanció Gertrudis ácremente.

—Sí, el que está debajo de Paco es Jeramías, pero no es el de la punta y ninguno de los dos era hijo de Xul Solar.

—¡Vos estás loca!.

—¡En todo caso la que estará loca será la foto!; ¿por qué en lugar de discutir pavadas no venís a mirarla!— respondió Micaela sin cuidar los modales.

—Ya te dije, me la sé de memoria. Te puedo nombrar, sin verla, uno por uno, de arriba, a la izquierda a abajo a la derecha; a todos, hasta llegar a Jeremías.

—De acuerdo, hasta Jeremías, pero al lado de Jeremías está el bizquito de las medias caídas, que está en la punta, sin guardapolvo; haceme el favor, dejá de tejer y vení a mirar la foto— concluyó Micaela que quería terminar una discusión que empezaba a ponerse áspera.

Gertrudis se levantó de la mecedora, dejó el tejido con un gesto hostil y se acercó a la mesa.

—¡Mirá!— le dijo Micaela desafiante, acercándole la desvaída foto.

Gertrudis la tomó; sus ojos fueron directamente al chico sin guardapolvo, ubicado a la derecha, abajo de la foto; a esa cara absorta, pasmada o asombrada que, también allí, la miraba fijamente.
 

Francisco M. Herranz

©2002

Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 22 . May . 03
Comentario de: mmmmmmmerian escri
Email:
Pais: colombbia
Calificación: 5

COMENTARIO: esta un farsa. escribam algo de sexo como meterselo ala mujer



Fecha: 11 . Nov . 02
Comentario de: HERNANDEZ VAZQUEZ ISRAEL
Email:
Pais: MEXICO D.F.
Calificación: 8

COMENTARIO: EN EL CUENTO DE FRANCISCO M HERRANZ NOS PRECENTA UN CUENTO CON ESCENAS, POR MIDIO DE UN NARRADOR, SU FORMA ES DIRECTA Y TIENE UNA DURACION DE 5min, SU ORDEN ES PROSPECTIVO, UTILISA PRINCIPALMENTE EL RESUMEN Y NOS INTRODUCE AL CUENTO EN UNA FORMA INDIRECTA. FILICITACIONES AL AUTOR POR SUS GRANDES EXPRECIONES EN UN CUENTO



Fecha: 11 . Nov . 02
Comentario de: JUAN CARLOS RAMIREZ FRIAS
Email:
Pais: MEXICO D.F.
Calificación: 9

COMENTARIO: EN EL CUENTO EL INTRUSO DE FRANCISCO M. HERRANZ NOS CUENTA LA HISTORIA DE DOS JOVENES QUE DISCUTEN POR LA CONFUCION DE UNA FOTO UTILISA PRINCIPALMENTE LA ESCENA, Y SU FORMA ES DIRECTA Y TARDA TAN SOLO 8min EL CUENTO CON UNA COORDINACION Y UN ORDEN PROSPECTIVO CON UNA FRECUENCIA CONPETITIVA. TE FELICITO POR TU CUENTO TAN ENTRETENIDO.



Fecha: 26 . Sep . 02
Comentario de: cfeliu
Email: wadakapiapue@hotmail.com
Pais: El mundo
Calificación: 10

COMENTARIO:



Fecha: 26 . Sep . 02
Comentario de: cfeliu
Email: wadakapiapue@hotmail.com
Pais: El mundo
Calificación: 10

COMENTARIO: No veo la razon para no darle un diez a un cuento que me gustó, tiene todo, es corto, entendible, con buen final y la historia es genial, predecible pero no por eso menos genial, el suspenso es bueno "per se" pero intuir el final tampoco le resta calidad ¿o es que nadie ha visto una pelicula dos veces?.



Fecha: 25 . Sep . 02
Comentario de: PacoZ
Email: fmhz@ciudad.com.ar
Pais:
Calificación: 8

COMENTARIO: No me interesa lucir inteligente sino serlo. En cuanto a las "Reglas" te diré que en tanto no sea publicado en papel no me considero "autor" y que las tales (reglas) no llegaron a mi despacho. Por lo demás, mitad gallego y mitad vasco, para lo que mejor se prestan las Reglas es para burlarlas. PacoZ.



Fecha: 25 . Sep . 02
Comentario de: Ricardo
Email:
Pais: México
Calificación: 5

COMENTARIO: Supongo que en Argentina lo de mitad Gallego y mitad Vasco es insulto... ¡Oh, no por favor! Al leer tu autodefinición (errónea, por cierto) de “inteligente”, me regresé a revisar de donde eras... y entonces comprobé mis sospechas... Totally hopeless.



Fecha: 15 . Sep . 02
Comentario de: Ricardo
Email:
Pais: México
Calificación: 7

COMENTARIO: Regla No.1 de los Autores: "No te defenderás de las críticas de los lectores..." Sólo entérate de lo que la gente opina, y ya. Tu silencio sonará más inteligente que cualquier explicación.



Fecha: 11 . Sep . 02
Comentario de: PacoZ
Email: fmhz@ciudad.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: No es un comentario sobre mi cuento sino para la lectora que pide que le expliquen el final. Oye, yo no escribí un "final" sino un cuento que tiene un final. Hay un joven mexicano (Jorge) que el 29 de Agosto, suscinta y acertadamente da su clave, que coincide con la mía. Quise decir; que el pertinaz sueño de la protagonista se torna real cuando la cara con que sueña aparece inopinadamente en una antigua foto escolar. Por otra parte debes tener encuenta que mi cuento se limita a contar presutnos hechos sólo ocurridos en mi imaginación pero desde el momento en que te conviertes en lectora eres la dueña de la historia y tú le das un sentido que no necesita concordar cn el que pretendí conferible. Por último un consejo; nunca pidas que te aclaren una historia porque es como resignar tu papel. Te saluda PacoZ. fmhz@ciudad.com.ar



Fecha: 29 . Aug . 02
Comentario de: Jorge
Email: heuer5@excite.com
Pais: Mexico
Calificación: 8

COMENTARIO: Para la gente que no le entendio: el de la foto es con el que Gertrudis soñaba, y anteriormente no estaba en la foto. Talvez si sea un poco confuso, pero es bueno.



Fecha: 28 . Aug . 02
Comentario de: Lourdes
Email: lourdes_74@hotmail.com
Pais: Mexico
Calificación: 7

COMENTARIO: NO LE ENTENDI.... EL FINAL SE ME HIZO ALGO CONFUSO



Fecha: 20 . Aug . 02
Comentario de: diego
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 6

COMENTARIO: La idea es muy buena.



Fecha: 08 . Aug . 02
Comentario de: daniel
Email: poetadebelgrano@hotmail.com
Pais: argentina
Calificación: 5

COMENTARIO: perdonpero no lo entendi, serias tan amable de explicarme, sobre todo el final,


Arriba
 

Ella

Desapacible y austero, venal, también, si la ocasión lo requiere, Faustino rodea una montaña de basura y se interna en la calle, lustrosa de humedad, amparándose, bajo los ocasionales balcones o toldos, de la lluvia incipiente. Dos cuadras más adelante, se detiene en un pasillo oscuro y maloliente, escudriña la negrura urbana tamizada por la fría llovizna, y enciende un cigarrillo. Siente la humedad en los pies y en las botamangas de los pantalones, se fastidia un poco. Cruzando la calle hay una ventana abierta en el primer piso de una casa. El interior está oscuro. Faustino se aprieta contra la pared del pasillo. Una laucha salta hacia la calle y se pierde rápidamente en la boca de tormenta más cercana. ¿Estará, la mujer, en ese lugar, o hará el plantón sin sentido?. Acomoda el cuerpo, como los gatos que se arrullan contra una frazada, y se resigna a la espera. Al cabo de dos horas de paciente observación, algo preocupado por el enflaquecimiento progresivo de su provisión de cigarrillos, nota movimientos en el departamento oscuro. Una luz se enciende, en alguna parte, y su tenue resplandor ilumina, apenas, el cuarto que da al balcón. Faustino aguza la vista. No hay cortinas en la ventana, o, si las hay, están abiertas. Discierne un armario alto, unos cuadros pequeños y el respaldo de una cama. Entonces, la ve. Sentada en la cama, la mujer permanece quieta, aparentemente vestida. Faustino no puede distinguir las facciones del rostro pero sabe que es ella. Lo sabe por el contorno del cabello, por un algo indefinible en su fisonomía de sombra quieta. ¿Lo habrá visto?. Se afirma, aun más, contra la oscuridad de su refugio y observatorio. No, no puede saber que él la está vigilando. La mujer no se mueve. La otra persona, la que deambula por el interior silencioso del departamento, se asoma en el cuarto. Quien sabe esté diciendo algo, piensa Faustino, pero la mujer no se inmuta. Instantes después, la luz se apaga y el lugar vuelve a la penumbra, tragándose a la mujer, al armario, a los cuadros. Todo es quietud y silencio. Llueve con un poco más de fuerza. Faustino está algo cansado de permanecer de pie en su refugio, pero no puede hacer nada. Teme llamar la atención, que la mujer se percate de su presencia. ¿Cómo saber si aún está sentada en la cama o si se ha acostado?. ¿Cómo intuir si mira hacia el exterior o se encuentra abstraída en sus pensamientos?. ¿Qué hará su acompañante?. Faustino consulta su reloj: la una y media de la mañana. Busca un cigarrillo, el último. Oye un sordo rumor mecánico: un camión de basuras avanza lentamente por la calle y dos morochos se afanan con las bolsas. Cuando el camión pasa por delante de su refugio, Faustino sale y acompaña al vehículo, utilizándolo como biombo para no ser visto desde el departamento. Así, cansinamente, llega hasta la esquina. Llueve aun más fuerte. Faustino está cansado, sin cigarrillos, con hambre y, en este puto vecindario, no hay un comercio abierto. Pasa un taxi solitario, una tabla de naufragio. El conductor debe estar tan fastidiado con la noche que ni siquiera deserta de su mutismo para saber el destino del viajero. “Al centro”, dice Faustino. El auto arranca, toma por Alberdi y, más tarde, por Rivadavia. Cuando pasan por Flores, Faustino pide al conductor que se detenga, para comprar cigarrillos. Mientras fuma, mientras están llegando al Once, Faustino siente que todo está, de alguna manera, en orden. Aunque esto del orden, claro, lo tiene sin cuidado. Jaramillo decidirá, como siempre. “Qué me importa”, se miente, reconfortado al llegar a destino. Después de todo, ella se lo buscó.

......

Por la mañana, a las siete y media, Faustino toca el timbre en la casona de la calle Rincón. Jaramillo madruga, espartanamente, fiel a su origen santiagueño. La sirvienta abre la pesada puerta y Faustino se dirige, rápidamente, hacia la escalera que lleva a las habitaciones superiores y al estudio de Jaramillo. El estudio es amplio y abigarrado de muebles y papeles. Jaramillo, gordo y oscuro, alto, también, lee el diario cómodamente sentado en un silloncito, junto a la ventana. Nadie puede interrumpirlo cuando lee. Faustino se sienta enfrente del hombre y especula sobre el tiempo que transcurrirá en este lugar donde no puede fumar. Otra chica entra, con un frugal desayuno, que deposita junto a Faustino. Este, la estudia con curiosidad: es delgada, muy joven –no más de dieciséis años, calcula-, probablemente paraguaya o misionera. Imagina ese raquítico cuerpo debajo de la mole de grasa de Jaramillo –ninguna mujer que trabaje para él puede obviar ese asunto-, y sonríe, resignado, ante la miseria ajena. La sirvienta se va, mínima y callada. El café es superior y está caliente. Jaramillo deja el diario a un costado y cruza las manos sobre el vientre, como una mujer encinta. “¿Y bien?”, musita. “Está donde usted suponía. Con otra persona; un hombre, creo”, contesta Faustino. Luego, sigue bebiendo su café. Para qué agregar algo más. Inútil tratar de sorprender una expresión en Jaramillo. “Gracias”, dice éste, sin necesidad. Es el patrón, pero siempre agradece. Vuelve a tomar el diario, busca algo, en alguna página, y lo encuentra. Señala a Faustino un artículo, pequeño, perdido en el margen inferior de la gran página. Faustino lee: “Allanamiento en Balvanera”. “Esta joven ha sido indiscreta, como puede ver”, dice, con su acento más melifluo. La joven es ella, pero, para Jaramillo, todo debe parecer distante e indefinido. “Así parece”, dice Faustino, por decir algo. Vuelve a entrar la sirvienta, para retirar el servicio. “Llegó el señor Maturana”, dice la chica. Por el acento es paraguaya, observa Faustino. “Que espere, por favor, unos minutos”, dice Jaramillo. Toda esa delicadeza, piensa Faustino, para tratar a un asesino sádico como Maturana. Está por preguntar si es necesaria su presencia cuando Jaramillo se levanta pesadamente, abre un cajón del gran escritorio instalado en el medio de la habitación, y saca un fajo de billetes. “Gracias, nuevamente. Lo llamaré en estos días”. “Está bien”, se limita a decir Faustino, guardando el dinero en el bolsillo del saco. Contarlo hubiera sido una ofensa imperdonable para Jaramillo, que es hombre de palabra. “Que siga bien”, se despide. “Gracias”, dice Jaramillo, por tercera vez en esos escasos minutos.

Faustino sale de la habitación. Sentado en una silla colocada contra el borde de la escalera, está Maturana. “Buenas”, dice Faustino, sin detenerse. “Buenas”, contesta Maturana. Es pequeño, de ojos grandes y alucinados, con cara de idiota. La única vez en su carrera que la policía lo interrogó, les pareció increíble que aquel hombre menudo, asustadizo y balbuceante, pudiera haber matado siquiera una mosca. Pensaron que era un error, lo dejaron ir y se olvidaron de él.

Maturana no falla jamás, no hay obstáculo capaz de detenerlo. Pobre, piensa Faustino –piensa en ella-, no tiene salvación. Sale a la mañana luminosa y enfila, por Rincón, rumbo a Rivadavia. Toma el subterráneo hasta Primera Junta. Entra en una librería y compra un sobre y un cuaderno. En un bar de la calle Centenera, junto a un café, escribe, deformando su letra para hacerla irreconocible: “Desaparezca de allí. La van a matar”. En el sobre escribe, solamente, el piso y la letra que corresponde al departamento. Paga el café, deja unos centavos de propina y se trepa a un colectivo de la línea cuatro, viejo y destartalado. Se deja llevar, cachazudamente, hasta Mataderos. Otra vez está en el mismo lugar. A mitad de la cuadra, el balcón asoma entre las casas bajas. Dos chicos juegan en la esquina. “¿Querés ganarte diez pesos?”, interroga Faustino, al más grandecito. “¿Qué tengo que hacer?”, pregunta el chico, confiado. Faustino saca la carta: “Pasar esta carta por debajo de esta puerta”, y señala la casa. El chico toma la carta y sale corriendo, ingresa en la casa y, al cabo de unos minutos, vuelve junto a Faustino. “Ya está”, informa. “¿Alguien te vio?”, pregunta Faustino. “No. Tenían la radio encendida”. Faustino saca diez pesos del bolsillo y se los entrega al chico. Éste toma el dinero y se sienta junto a su amiguito, sin decir una palabra. Está bien, piensa Faustino, para agradecimientos me bastan con los de Jaramillo. Se siente bien con su conciencia, aunque sabe que este aviso sólo otorgará a la mujer unos días de respiro. Es cosa de ella, se dice, medianamente convencido, mientras vuelve a la parada del colectivo.

Una hora más tarde está en su casa. Se acuesta, cansado, a dormir la siesta.
Duerme, y al dormir, sueña.

....

Tres días después, Faustino vuelve a la casona de la calle Rincón. Todo igual que siempre: la lectura de Jaramillo, la paraguaya raquítica, el café excelente, la prohibición de fumar, el diario abandonado sobre una mesita, las manos sobre el vientre. “Necesito que verifique cuatro direcciones”, dice Jaramillo, extendiendo una hoja de papel. “¿Quién es?”, pregunta Faustino, por decir algo. “La joven”, dice Jaramillo, sin inmutarse. “Cambió de domicilio”, agrega, “necesito saber en cual de estas direcciones está ahora”. “Bueno”, dice Faustino, y se levanta. Sale a la calle con el papel en el bolsillo y se dirige al café de Montevideo y Lavalle. No me agradeció, se sorprende, tardíamente. Debe estar preocupado. Las direcciones son disímiles: Quilmes, Turdera, Ituzaingó y Villa Martelli. Lindo itinerario, piensa Faustino. Elige comenzar por Villa Martelli. Recuerda, de alguna noche antigua, en algún albergue perdido, que ella mencionó Villa Martelli por alguna razón. Faustino no se esfuerza por ir más allá con sus recuerdos. De todas maneras, el calor de aquella piel, el suave murmullo de unos labios junto a su cuello, el olor suave, lo acompaña permanentemente. Quizás, por eso, ha decidido lo que va a hacer. Viaja, sin mayor apuro, hasta el domicilio indicado en el papel. La luz diurna no es buena para su tarea pero entiende que Jaramillo está ansioso. Anda y desanda la calle, observando una casa modesta, con un bonito jardín delantero, donde se supone que ella se oculta. Unas horas más tarde, ve a la mujer, asomándose por la ventana. Se abre la puerta de la casa y un hombre sale al jardín. Detrás, sale la mujer. Hablan. No me han visto, piensa Faustino, y se aleja del lugar. En la avenida próxima encuentra un teléfono público. Llama y pide hablar con Jaramillo. “Está en Villa Martelli”, dice. “Gracias”, contesta Jaramillo, evidentemente apaciguado. Luego se aleja, por la avenida, calurosa y deshabitada de árboles, en busca de un bar. “Maturana vendrá por la noche”, especula, “tengo tiempo”. Encuentra un bar, compra una revista y un diario y pide una comida elemental. Muy pocas personas hay en el lugar. A las cinco de la tarde, cansado de leer, fumar, y tomar café, decide estirar las piernas y recorre, sin prisa, el vecindario. Cuando comienza a oscurecer, luego de arrojar las publicaciones en un cesto, decide acercarse a la casa donde ella se oculta. Ya ha entrevisto un lugar apropiado que, al amparo de la oscuridad, le permitirá observar la llegada de Maturana sin que éste lo distinga. No hay luna y la iluminación artificial es despareja y pobre. Casi nadie entra o sale de las casas vecinas. Faustino espera, sereno, fumando, sentado en un umbral. Debe armarse de paciencia y ser afortunado. Espera y espera.

....

Cuando ve a Maturana doblar por la esquina opuesta, Faustino consulta su reloj: las dos de la mañana. Se felicita por su paciencia. La casita está a oscuras; sólo el porsch de entrada se encuentra iluminado por una débil lámpara, junto al nicho de una virgencita de cerámica. Faustino ve, entonces, claramente, a Maturana, sorteando la baja entrada de la casa y acercándose a la puerta. Ve, con cierta curiosidad, cómo Maturana trata de forzar la puerta con alguna ganzúa o herramienta. Cuando, luego de abrir la puerta, Maturana desaparece en el interior de la vivienda, Faustino se incorpora. Toma un fierro que había preparado y se dirige hacia la casa. Llega a la puerta entreabierta y se esfuerza por distinguir los sonidos en el interior de la vivienda. Unos segundos después escucha voces asombradas, corrimientos de muebles y, claramente, dos disparos efectuados con silenciador. También oye el estrépito sordo de dos cuerpos que caen al piso. Entonces, entra con cuidado. Se acerca al dormitorio, espía y ve a Maturana, de pie junto a la mujer desfallecida a un costado. Velozmente ingresa en el dormitorio y golpea a Maturana con el fierro. Lo golpea en un brazo, para que no pierda el conocimiento. Maturana cae, dolorido, sobre la cama desarreglada. A un lado de la cama, Faustino distingue al hombre, vestido apenas con un calzoncillo, muerto, con un tiro en la cabeza. Un gemido, leve, le produce un escalofrío en la espalda. La mujer –ella- está malherida, pero, increíblemente, viva. Ve sus ojos, cerrados por el dolor, y el gesto, resignado. Cuando los ojos se abren, cuando ve a Faustino de pie y a Maturana quejándose, en la cama, un brillo de esperanza tiñe sus pupilas. “Dios escuchó mis ruegos”, susurra. “Dios no tiene nada que ver con esto”, dice Faustino, con simulado aplomo. Es el precio que tengo que pagar, piensa, desconcertado. No puede echarse atrás. Busca, en el cajón de la mesita de noche, y encuentra una previsible pistola. No se había equivocado al llevar varios silenciadores: uno convenía perfectamente. Coloca el artefacto y apunta cuidadosamente contra el hígado de Maturana. “¿Está loco?”, pregunta éste, al ver el arma. Faustino hace fuego dos veces y Maturana abre los ojos aún más, si eso es posible, y se retuerce en la cama. Gran cantidad de sangre oscura ensucia las sábanas desordenadas. “No más de diez minutos”, calcula Faustino, sobre la suerte de Maturana. Retira el silenciador de la pistola, lo guarda en el bolsillo, y se acerca a la mujer, quien ha seguido los acontecimientos con cierta perplejidad, a pesar del dolor. Faustino estudia la herida de la mujer y deduce que, con socorro inmediato, pronto estaría fuera de peligro. Toma la mano temblorosa de ella y la obliga a empuñar el arma. Luego la arroja a un costado, sobre el piso. Ella no entiende los manejos del hombre. Faustino se acerca a Maturana, desmayado ya por la pérdida de sangre, y le quita la pistola oculta por el cuerpo. Luego, apunta a la mujer, también al hígado. La mujer no entiende, cierra los ojos y gime: “¿Porqué, porqué?”. Faustino quisiera poder contestar a esa pregunta. La pistola tiembla en su mano. Dispara dos veces y luego efectúa el mismo procedimiento con la mano inerme de Maturana.
Ya está todo en orden, piensa, abatido. Recuerda la carta y al chico. Fue un error, se dice, pero ya está corregido. Evita, dolorosamente, una última mirada a la mujer agonizante. Sale a la noche; no desea pensar más.

.....

“Maturana está muerto. No fue cuidadoso esta vez”, dice Jaramillo sin inmutarse. Busca en el escritorio, toma una hoja de papel, cuidadosamente plegada, y se la entrega a Faustino. “Es un trabajo de otra naturaleza. Confío en usted”. Faustino guarda el papel en el bolsillo del saco. “¿Algo más?”, pregunta, como lo haría Maturana. Jaramillo sonríe: “No, por ahora”, dice. Faustino sale a la calle, camina sin mayores apremios hasta el café de Montevideo y Lavalle. Tiene hambre. Leerá el papel y su nueva función más tarde.

Maturana no podía saber que le debía una. Habrá muerto sin saberlo, seguramente. Y ella..., en fin. Hay muchas ellas en esta ciudad, piensa Faustino, mientras saborea un café. Necesita creer en eso.
 

Norberto Olaizola

© 2002

Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 13 . Mar . 04
Comentario de: andrès mino
Email:
Pais: Mèxico
Calificación: 10

COMENTARIO: es bueno pero es muy largo



Fecha: 12 . Mar . 03
Comentario de: Pablo Barbagallo
Email: pabarbagallo@hotmail.com
Pais: Argentina
Calificación: 10

COMENTARIO: Me parecio un cuento muy interesante, comence a leerlo y no pude parar hasta terminarlo. Ademas, como soy de Villa Martelli me gusto que se nombrara a mi barrio.



Fecha: 28 . Aug . 02
Comentario de: Lourdes
Email: lourdes_74@hotmail.com
Pais: Mexico
Calificación: 10

COMENTARIO: Me gusto, no tengo el gusto de conocer Argentina, pero te mantiene alerta. MUY BUENO



Fecha: 28 . Aug . 02
Comentario de: Omar
Email: mayzoro@hotmail.com
Pais: México
Calificación: 9

COMENTARIO: Me dio ganas de leerlo completo. es una historia simple, con un buen tratamiento



Fecha: 26 . Aug . 02
Comentario de: Mario
Email: mcapasso@atanorsa.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Me gustó descubrir a mi barrio, Villa Martelli, en un muy buen cuento. Felicitaciones y gracias.



Fecha: 05 . Aug . 02
Comentario de: Ileana
Email: guily@fibertel.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 10

COMENTARIO: Excelente policial negro, muy bien escrito además. Te felicito!

Arriba

 

El hacedor de cuentos

Hacía ya un tiempo que le estaba ocurriendo. Podía decir con absoluta certeza cuándo había comenzado, pero no quería atribuir el origen de sus desvaríos a un hecho tan fortuito como ése. Una opresiva y tortuosa sensación lo perseguía, haciéndole perder la noción del aquí y ahora, de la realidad, de la segura calma de lo conocido y cotidiano.

No podía evitar la impresión de ser perseguido por una infinidad de fantasmas invisibles que lo rondaban incansables, lo acechaban, lo perturbaban sin darle tregua. Le sucedía en cualquier parte, en cualquier momento, mientras hacía las cosas de todos los días. De repente lo asaltaba un pensamiento, la imagen de una escena que él no había vivido, que no pertenecía a su pasado pero que era absolutamente tangible y perceptible.

Se quedaba paralizado mientras su mente reproducía sin parar los diálogos, las situaciones, las circunstancias relacionadas con desconocidos hechos y anónimos personajes. ¿Me estaré volviendo loco?, se preguntaba. La idea de la locura crecía con inusitada fuerza en su interior cada vez que se producía uno de estos incidentes. Después de todo la locura debe ser algo parecido, se decía, estar encerrado en un cuerpo que no es más que una imperfecta prisión temporal, atrapado en una definida dimensión, espacio y tiempo, mientras la mente vaga libre, inalcanzable, lejos de las limitadas fronteras de lo material.

Varias veces evaluó la idea de consultar a un profesional, un psicólogo, pero la descartaba sistemáticamente. No porque tuviera dudas de la interpretación que pudieran hacer de su caso, sino porque consideraba que el hecho de estar tan cerca, tan en contacto con la “locura” de la gente, los exponía a un alto grado de contagio, como si esa insania mental fuera un virus peligroso y mortal que pudiera introducirse en ellos, quitándoles la ecuanimidad necesaria para evaluar la realidad, su realidad.

Unos días atrás, la vista de una casa en venta había sido el detonante que había disparado en su mente una imparable sucesión de hipótesis acerca de lo que habría pasado en ese lugar. Ecos apagados de palabras pronunciadas por los actores de algún oculto drama comenzaban a acudir en tropel, atraídos por su afiebrada imaginación. Pudo sentir en su cuerpo la intensidad de los sentimientos que los habrían sacudido, traspasándolo, dejándolo exhausto, agotado. No sabía cuánto tiempo podría soportar esa tortura alucinógena antes de comenzar a perder la lucidez, la conciencia de su propio yo, antes de dejar de ser él para transformarse en el protagonista de alguna historia desconocida.


Sus pensamientos volvieron al día clave, hurgando en sus recuerdos, con el secreto afán de encontrar una salida. Estaba manejando su auto por la Avenida 9 de Julio, de regreso a su casa. Al llegar a San Juan vio que se había producido un serio accidente. Una mujer estaba tirada en la calle. Había sido atropellada por un auto. Parecía que aún vivía, como sostenida por la esperanza de que la ambulancia acudiera en su auxilio.

Al verla, una incontenible sensación de tristeza se apoderó de él; la vio indefensa, con la vulnerabilidad de los que dependen de la buena voluntad de otros, imposibilitados de ayudarse a sí mismos.

Los primeros fantasmas llegaron.

La imaginó muerta. Imaginó su perplejidad al comprender que estaba viviendo el último segundo de su vida, sintió la ansiedad de alguien que estaba esperando su retorno y palpó el vacío que dejaba al no existir más.

Imaginó, sintió, palpó, sufrió.

Quedó petrificado, preguntándose de dónde había surgido esa andanada de... ¿qué?, ¿alucinaciones?, ¿ideas absurdas? No lo sabía a ciencia cierta. Pensó que el cansancio acumulado durante los últimos días le estaría jugando una mala pasada. Pensó. Pensó. Los bocinazos de los impacientes conductores detrás de él lo sacaron de su ensueño.

Ese incidente fue sólo el comienzo.

Desde aquel momento su vida se transformó en un infierno. No pasaba un día sin que fuera víctima de un suceso similar, impotente, imposibilitado de oponer la más mínima resistencia, perdiendo gradualmente la cordura. Quería descansar, dormir, pero no lo lograba. Las noches estaban plagadas de espectrales figuras que lo privaban del necesario bálsamo del sueño, transformando ese tiempo en un sinfín de cuadros de pesadilla. Se despertaba a la madrugada bañado en un sudor frío, frío como su lecho, como su alma.

Finalmente llegó a tener miedo de salir a la calle y permanecía encerrado en su casa para no ver, no sentir, no percibir, tratando de evitar que las fantasías inundaran su mente por completo. Creía que lo estaba logrando cuando la situación en la que se encontraba inmerso se transformó súbitamente en el argumento de una nueva historia, su propia historia.

El círculo se cerraba.

Involuntariamente, la maquinaria echó a andar de nuevo.

Imaginó un hombre solo, recluido en su casa, sin contacto con el exterior, temeroso de pensar, de estar crudamente expuesto a los embates de su fértil imaginación, indefenso. De pronto el hombre enloquece, pierde la noción de la realidad, se vuelve inhumano, salvaje, se aísla cada vez más en una absorta alienación hasta que al final muere allí, en la oscuridad de su sórdida habitación, victima de sus propios pensamientos.

Imaginó a los vecinos encontrándolo al poco tiempo, llevados de la mano del olor nauseabundo que despediría su cuerpo al descomponerse. Los vio contemplando en un atónito silencio los miserables restos de lo que había sido su existencia.

Triste final para una vida, se dijo.

Había enfrentado cara a cara lo que parecía ser su futuro inmediato, a menos que se le ocurriera algo, algo, una idea salvadora. Un relámpago estalló dentro de su cabeza y la certeza de lo que debía hacer lo sacudió con vigor, despertándolo de su letargo. Era su última oportunidad, su tabla de salvación. Si no resultaba estaría irremisiblemente perdido.

Desesperado, corrió hasta su estudio y se paró frente a su escritorio. Sobre éste descansaba una vieja máquina de escribir, que casi nunca usaba. El papel estaba amarillo por la humedad. Arrimó la silla y se sentó. Acarició la máquina con manos temblorosas y esperó; esperó en una intensa súplica, con sus dedos reposando sobre el expectante teclado.

Un creciente cosquilleo le anunciaba que la incontenible marea se estaba aproximando.

Tap, tap... tap.

Lentamente primero, desenfrenadamente después, el chorro de reprimidas emociones se derramaba sobre el teclado y él se vaciaba por completo, descargándose, quitándose el insoportable peso que lo había atormentado ese último tiempo.

Tap, tap, tap, tap, tap, tap, tap, tap...

Sus dedos golpeaban con rigor las teclas en un interminable frenesí de palabras, escenas y situaciones, casi vomitadas por su mente incansable. Las sombras chinescas se proyectaban sobre el papel en una danza sin fin, brotando desde el recóndito lugar de su alma donde habían estado ocultas durante mucho tiempo, cobrando vida, escapándose del oscuro encierro del que habían sido objeto.

¿Cuánto tiempo habían luchado por conseguir su ansiada libertad? Una eternidad. Y el momento tan esperado había llegado al fin.

El alumbramiento.

El sonido de las teclas imprimiendo cada letra era lo único que resonaba en la silenciosa habitación.


Después de escribir la última frase y poner el punto final, quedó inmóvil, agotado. Apartó las manos del teclado y se secó la frente húmeda. Una sensación de alivio indescriptible lo hacía sentir leve como una pluma.

Había cruzado la línea.

Empezó a repasar una y otra vez lo que había volcado sobre el papel amarillento, como si algún otro lo hubiera escrito, como si él mismo hubiera sido sólo una pluma hábilmente esgrimida por la mano invisible de la experiencia.

Comprendió que había logrado cambiar el triste final de su propia historia por otro, promisorio, prometedor.

Sólo le faltaba el título.

En pocos segundos descubrió la clase de metamorfosis que se había operado en él. Un nuevo ser saliendo del capullo que lo había contenido hasta ahora, transformado para percibir el universo con otros ojos, otra mente, otros sentidos.

El título se materializó ante sus ojos:

“El Hacedor de Cuentos”.
 

Carlos Donatucci

© 2003

Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 13 . Mar . 04
Comentario de: andrès mino
Email:
Pais: Mèxico
Calificación: 10

COMENTARIO: es bueno pero es muy largo



Fecha: 12 . Mar . 03
Comentario de: Pablo Barbagallo
Email: pabarbagallo@hotmail.com
Pais: Argentina
Calificación: 10

COMENTARIO: Me parecio un cuento muy interesante, comence a leerlo y no pude parar hasta terminarlo. Ademas, como soy de Villa Martelli me gusto que se nombrara a mi barrio.



Fecha: 28 . Aug . 02
Comentario de: Lourdes
Email: lourdes_74@hotmail.com
Pais: Mexico
Calificación: 10

COMENTARIO: Me gusto, no tengo el gusto de conocer Argentina, pero te mantiene alerta. MUY BUENO



Fecha: 28 . Aug . 02
Comentario de: Omar
Email: mayzoro@hotmail.com
Pais: México
Calificación: 9

COMENTARIO: Me dio ganas de leerlo completo. es una historia simple, con un buen tratamiento



Fecha: 26 . Aug . 02
Comentario de: Mario
Email: mcapasso@atanorsa.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Me gustó descubrir a mi barrio, Villa Martelli, en un muy buen cuento. Felicitaciones y gracias.



Fecha: 05 . Aug . 02
Comentario de: Ileana
Email: guily@fibertel.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 10

COMENTARIO: Excelente policial negro, muy bien escrito además. Te felicito!


Arriba

Puntos en común

Al ver entrar aquel individuo por uno de los tantos pasadizos que serpentean dentro de la villa, algunos lo confundieron con uno de esos fanáticos religiosos que acechaban las inmediaciones. Siempre advirtiendo del fin de los tiempos y de la necesidad de una conversión inmediata. Al final los invitaban a reuniones de feligreses, donde se aportaba el menor diezmo del mercado.

—Debe ser mormón —arriesgó uno de los transeúntes ocasionales.

—No. Es Testigo de Jehová —ratificó una mujer muy gorda que sostenía varios críos de las manos.

—Quizás sea Evangelista —tiró como posibilidad un viejo sentado detrás del grupo, y que no alcanzaba a ver nada.

Las dudas se disiparon tan rápido como llegaron. Las primeras palabras del discurso del tipo, plantado en la improvisada plazoleta, provocaron la huida rauda y veloz de la muchedumbre. La locuacidad del sujeto, provino de la peor clase de los iluminados: los políticos. Para colmo de males, con un tinte improvisadamente mesiánico.

El flacucho solitario desplegó una bandera diminuta, sostenida por una deprimente caña tacuara. El género flameaba en dos bandas verticales cosidas a mano. Los colores eran rojo y negro. Cualquier desubicado asociaría aquellos colores con los del socialismo y el anarquismo. Nada más desacertado. Estaban vinculados a la pasión de las ideas y a lo oscuro del futuro. El único grupo que quedó inmovilizado en actitud de espera, fue el de unos niños oscilantes entre los ocho y doce años, quienes prontamente lo encasillaron como hincha de Ñuls.

La fisonomía de aquel personaje era inquietante. Lucía desnutrido, de baja estatura, pelo muy corto y arremolinado. Su cara mostraba una pertinaz diseminación de granos con pus. La boca levemente hacia adelante, y los dientes en la misma disposición. Alguien que lo viera de perfil, lo asociaría con un caballo deformado. Sus gafas, gruesas y anchas, superaban el contorno lateral, dándole un aire confuso y alienado.

Al iniciar las sentencias ante el anonadado público, las reacciones fueron diversas.

“Camaradas, la revolución está en marcha”, gritó festivo y desafiante.
No se descorazonó cuando la gente murmuró cosas inentendibles e irrepetibles, alejándose del lugar. Se convenció de que no estaban listos para el cambio.

Calixto Funes, estudiante crónico y reincidente de la carrera de Filosofía por diecinueve ciclos. Se dio cuenta, a los treinta y nueve años, de su incompatibilidad con la sociedad de la que formaba parte. Había decidido torcer drásticamente el curso de la historia, dedicar su vida al supremo designio de guiar la revolución a la victoria. Después de leer bibliografía inspirativa como: En la trinchera, El proletariado como clase gobernante del año tres mil, Convulsión y espasmos, y la gloriosa Tentaciones de Marx en el purgatorio; se embarcó en una cruzada extensa y demoledora en contra de la apatía y el estancamiento de las clases más necesitadas, motor de su nueva visión de la existencia del hombre moderno. Un fundamento desencajado, dentro de un mundo desencajado. En su afán de modificar el statu quo de su entorno, se fue afiliando diversas fundaciones defensoras de derechos inalienables, organizaciones en crisis constante de identidad y de supervivencia. “Descendientes de indígenas que habitaron el Gran Buenos Aires”, “Amigos protectores del Tucán esmeraldeño”, y el “Racing Club de Avellaneda”, fueron algunas de las honrosas instituciones que lo albergaron.

Su prédica se explayó por diferentes ámbitos, los cuales nunca alcanzaban a registrar la grandilocuencia de los motivos que lo arrastraban a persistir en sus creencias. Le declaró la guerra a todo lo establecido. En su casa, se negó a cepillarse los dientes y a hacer la cama por las mañanas. Esto provocó el encoleramiento de su madre. En la universidad, se opuso a estudiar para los exámenes. Sólo escribía consignas en contra de la dictadura escolar y algunos símbolos de dudosa obscenidad. Consideraba los ceros que recibía como notificación, represión parcializada, discriminatoria, y sistemática contra su persona.

Con el estandarte en alto, prosiguió con su raid proselitista. Dentro de aquel submundo encontraría el caldo de cultivo perfecto para sus ideas más extremas. Era su prioridad la masificación de los tentáculos que arrebatarían el poder de las manos de los gobernantes. Éstos depositarían en las palmas callosas, grasosas y transpiradas de la clases necesitadas la soberanía requerida.

Sus ojos continuaron con la tarea de analizar, clasificar, categorizar, y catalogar a los posibles adeptos a su noble causa: salvar a la Nación de las turbulencias y delirios de la clase política. En su mente había dado creación a un limbo de peligroso aspecto: hordas de comunes autogobernados en independencia absoluta del resto de los mortales, la reinstalación del trueque como fuente de comercio, eran sólo algunos de sus postulados más intransigentes. Pero para ello había que conseguir seguidores que canalizaran su alegato social y revolucionario. Sin dudas esto lo catapultaría al poder, pero se conformaba con un busto de bronce en una esquina de Plaza Constitución.

En la caminata se introdujo aún más dentro de los pasillos, que no tenían dirección ni tampoco un fin aparente. Portaba su lanza cruzándole el pecho, la cual le tapaba parcialmente el gesto adusto del “Che Guevara”. La había conseguido en un saldo, en un conocido shopping de la zona de Avellaneda.

De una sumatoria de chapas, acumuladas una encima de otra sin un orden predeterminado, le llamó al atención el movimiento de una cortina de arpillera. El continuo vaivén era provocado por una hilera de chicos de distintas edades. Después de contar siete, vio salir a un morocho gigantesco. Las dimensiones personales del sujeto se esparcían hacia arriba y los costados.

“Ese es un hombre productivo”, afirmó Calixto. No le extraño que se levantara a la una de la tarde. “Debe ser la depresión de la falta de un trabajo digno”, pensó casi ofuscado. Sin darle tiempo a que terminara de desperezarse, lo encaró con el convencimiento de convertirlo en el segundo de su cadena de mando.

—Usted es el hombre que necesito —exclamó sin lograr impresionarlo.

Desde un estiramiento de los codos, apuntando al cielo, y con las manos contraidas en puños y cercanas al cuello, el recién despierto soltó una estruendosa flatulencia. Los aromas se confundieron con los perfumes de un arroyo cercano, haciéndola pasar ‘casi’ desapercibida.

—Tiene todo el aspecto de líder que estoy buscando —vapuleó verborrágico Calixto —imagínese, nuestra comunidad se encuentra azotada por el flagelo de la penetración cultural. Los jóvenes están en una situación desquiciada dentro de caminos irregulares alternativos. No tienen guía. Necesitan gente con espíritu de conducción y sacrificio.

Al hombre no le gustó mucho la palabra sacrificio. Lo hizo notar con otro gas sonoro mientras se rascaba los aplastados rulos y continuaba con sus contoneos post cama.

—Establecer una revolución es sociológicamente viable —prosiguió con vehemencia y agitando en alto una de sus manos, pues en la otra sostenía elevada su insignia —vea que clase de televisión tenemos en estos tiempos. Mire lo lascivo de las radios y pasquines que se interponen en nuestras orejas y oídos. Basura de propaganda meramente oficialista —extendió el índice hacia el celeste y luego lo contrajo en señal de advenimiento divino —es tiempo de transfigurar las consecuencias, convertirlas en el despegue de una hermandad justa y proletaria.

Ya repuesto del ensueño, pero aún con lagañas en los ojos, el recién desayunado observó al orador como un estudiante de Biología a un sapo. Con el desconocimiento que vuelve venerables las cosas, le preguntó:

— ¿De qué carajo estás hablando? —al terminar la frase, un eructo lo asaltó. Le dejó el sabor de las milanesas con mate que había comido antes de irse a dormir.

—De la humillación irreparable y subliminal que recibimos todos los días. Del robo de los manjares de la vida y de los imaginativos programas para alterar la realidad. Yo estoy decidido a hacer florecer la riqueza perdida. Juntos podríamos hacer mucho.

El recién desvelado no alcanzó a comprender muy bien el significado de todo el tumulto de oraciones. Pero la simple aparición de las palabras ‘riqueza’ y ‘mucho’, bastó para que el cerebro multiplicara las connotaciones. En un gesto de concentración esmerada, cruzó los brazos delante del cuerpo, arqueó el cuerpo levemente hacia atrás, levantando y estirando a la vez los dedos de los pies contenidos dentro de las ojotas. Abrió la boca como para balbucear algunas pretensiones, pero la electrificación instantánea del aire se lo impidió.

“¡La cana!”, atronó alguien que escapaba como lombriz de una gallina. Los gritos e insultos llenaron la villa de corridas y tropezones. Las fuerzas del orden buscaban a un tal “alias Pata de Rana”, un parroquiano que se había mudado hacía tres años atrás a un asentamiento de González Catán. Con el visible error de desinformación a cuestas, los uniformados arrestaron a dos menores por portación ilegal de una caña de pescar.

Tanto Calixto como el interlocutor se habían fugado separadamente por los contornos del caserío, en estrepitosa y afanosa carrera. Ambos estaban convencidos de ser los causantes de esa febril redada. Casualmente se encontraron en la ribera del mugroso cauce de no se sabe qué líquido.

—Se da cuenta qué atropello —dijo bufando Calixto —apenas hemos formado una coalición opositora y nos tiran todo el sistema represor encima. Nos temen. Es signo que estamos en buen camino.

El morocho, que oficiaba de guía involuntario, se detuvo frente a una bifurcación de la senda.

—Mire maestro —le dijo dándose vuelta, y mirándolo con toda la circunferencia de sus ojos negros inmensos y penetrantes —necesitaría algo de efectivo. Ando escaso. Usted comprende, la clandestinidad, la causa. Lo tomaría a modo de adelanto, o como alguna esponsorización.

Calixto tragó saliva, el sonido de la tráquea sin lubricar, resultó agudo y deforme. Temblorosamente extrajo un billete de veinte pesos que su madre le había dado para comprar alimento balanceado para ornitorrincos. Se lo acercó, la manaza de su irregular lugarteniente no perdió tiempo en tomarlo.

Con el billete en la mano se echó a correr por el sendero de la derecha.

—¿Cuándo vamos a encontrarnos? —alcanzó a preguntar Calixto.

—En cualquier lugar que el capitalismo nos junte —contestó apresuradamente.

Después de haber escuchado esa respuesta, sonrió. Feliz, tomó el sendero de la izquierda.

 

Fernando Olszanski

©2002

Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 07 . Apr . 03
Comentario de: blas
Email:
Pais: mexico
Calificación: 9

COMENTARIO: la ironia esta presente de buena manera en este cuento, creo que el autor juega a provocar y lo logra por las dispares reacciones que genera. ahi es donde radica su exito. bien.



Fecha: 06 . Apr . 03
Comentario de: solania
Email: osirissanchez@cantv.net
Pais: venezuela
Calificación: 5

COMENTARIO: este cuento es muy bonitoooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo de un ornitorrincooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo......



Fecha: 13 . Mar . 03
Comentario de: Javo
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 9

COMENTARIO: que buen clima! merece la pena ser tenido en cuenta



Fecha: 15 . Feb . 03
Comentario de: adriana
Email:
Pais:
Calificación: 8

COMENTARIO: si sirve de algo. a mi me gusto



Fecha: 09 . Jan . 03
Comentario de: Javi
Email:
Pais: argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: buen criterio en la ironia, el autor mezcla muy bien el sarcasmo y la ridiculizacion de los iluminados.



Fecha: 26 . Nov . 02
Comentario de: gabriela
Email:
Pais: chile
Calificación: 9

COMENTARIO: Creo que mas alla de laideologia de cada uno, hay en el autor un buen camino para ridiculizar a los iluminados, los latinoamericanos tenemos demasiados, y es bueno que se los muestre tal cual son y desnudarlos, que es una forma de desnudarnos tambien



Fecha: 04 . Oct . 02
Comentario de: isa
Email: yemsi"
Pais: España
Calificación: 8

COMENTARIO: ni caso a las malas criticas. Hay literaturas de muchos tipos y todas son muy respetables. La ironia es un arma literaria usada por muchos y aclamada por los mas grandes.



Fecha: 05 . Sep . 02
Comentario de: Onetti
Email:
Pais:
Calificación: 5

COMENTARIO: Llevo bastante tiempo siguiendo este lugar de cuentos y nunca había escrito un comentario. He leído cuentos mejores y cuentos peores, sin embargo, la mayoría me parecieron honestos. Siento decir que este no es el caso. La historia tiene como eje la descripción, irónica, caricaturesca, de un personaje (Calixto), que carece de la textura y la profundidad que brinde al lector la oportunidad de identificarse o repudiarse en ese personaje. Y me parece que esto es así porque la intención del cuento (toda literatura es una intención, siempre)es únicamente ridiculizar actitudes e ideas que el autor, me temo, ni siquiera conoce bien. El humor, si es honesto, siempre parte de un poso de amargura ante la vida y, sobre todo, de la autocrítica y la burla de uno mismo. En este caso no encuentro esa honestidad de la risa sana. Después de leer me queda la impresión de que al fondo, allá donde se oye la voz del narrador, sólo resuena la risa del escéptico, del que no mueve un dedo porque nada cambie y, lo que es aún peor, opina sobre cosas que no entiende. La ficción literaria, para mi, es algo mucho más complejo que una ironía y una metáfora política efectista, como es el caso del final de este cuento. La capacidad de matizar, revelar nuevos aspectos del mundo, poder revolcarse en toda la gama de grises sin caer en el fácil Blanco-Negro (característico de los políticos), es una de las cosas que da entidad a una obra literaria. Hay una gran diferencia entre un cuento que tenga de fondo un tema político y un mal chiste político con forma de cuento.



Fecha: 08 . Aug . 02
Comentario de: raul Avila
Email:
Pais: USA/ Costa rica
Calificación: 10

COMENTARIO: Buen manejo de la ironia, con lo dificil que es hacer humor en literatura! sigue asi, estas en buen camino.



Fecha: 05 . Aug . 02
Comentario de: Ileana
Email: guily@fibertel.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 9

COMENTARIO: Muy bueno, buen manejo de la ironía y el humor. Una buena pintura de los personajes, además. Felicitaciones.


Arriba

La sagrada familia

Cuánto hacía que no venía a misa, qué sé yo, años, siglos, no está mal la iglesia, nada mal por cierto, bastante lujosa, también, con lo que cobran la cuota del colegio, lindo curro tienen los curas, acá sí que entra guita a paladas, pero la nena se lo merece, si me quejo de la nena sería de puro gusto, siempre me dio satisfacciones, creo que desde el jardín que viene acá y ahora ya está por terminar el secundario, parece mentira, no, este año no, el año que viene me parece que termina, tengo que preguntarle, y esta mañana insistió tanto para que viniéramos, se encaprichó y para colmo nos trajo volando, nos apuró para ocupar el primer banco y por cierto que no me gusta nada, me parece que me abrigué demasiado, me puse lo primero que encontré de la bronca que tenía, encima hace un calor de la puta madre acá, es un infierno este lugar, uy, perdón, se me escapó, en fin, perdón pero es cierto, qué manera de transpirar, y él también transpira, jovencito el cura, mirá vos, con la pinta que tiene se vino a meter de sacerdote, no será maricón, digo yo, se debe haber dado cuenta de que es la primera vez que vengo, no me quita la vista de encima, a lo mejor es una idea mía, allá del otro lado la veo a Marcela, qué linda se vino la guacha, menos mal que al menos está ella también, cada tanto me mira y se hace la boluda, claro, con el marido de un lado y el hijo del otro, no hay nada que hacerle, es otro nivel, qué calidad de mujer, nada que ver con Susy, Susy no es mala, no, mala no es, pero en la cama Marcela le saca un campo de ventaja, es un fuego en la cama Marcela, esta noche la llamo sin falta a ver si arreglamos algo, la semana pasada no pudimos vernos, ese cornudo que no se fue a ninguna parte, y hablando de ver, la miro y la verdad es que tengo que reconocer que la nena está linda, hacía rato que no le prestaba atención, cómo creció, de golpe creció, desarrolló un cuerpito que vamos a tener que cuidar, tan bonita que en cualquier momento se me pone de novia, un día de estos voy a hablar con ella, antes de que algún atorrante de los que nunca faltan le ponga una mano encima, lo mato, si lo agarro lo mato al turro como quiera que se llame, o que le hable la madre mejor, sí, tal vez convendría no meterme, esas cosas se hablan mejor entre madre e hija, qué carajo dijo el curita este, no le entendí casi nada de lo que dijo hasta ahora y eso que lo tengo cerca, claro que mucha bola no le di, y sigue mirando para este lado, por qué nos pusimos en la primera fila, digo yo, eh, y por qué se la agarra conmigo si la iglesia está hasta la manija, la verdad que es joven, demasiado tal vez, debe ser nuevo en la parroquia, le tengo que preguntar a la nena, o a Susy, o no, mejor le pregunto esta noche cuando le hable a Marcela, ella viene seguido y debe saber, ah, claro, ya entiendo, todos se arrodillan, hay que arrodillarse entonces.

Reconozcamos nuestros pecados.

Qué vergüenza terrible qué papelón este inútil de Osvaldo la facha de ciruja que se trajo una vez que viene a misa porque la nena se puso como loca se encaprichó y le pidió tanto esta mañana y se viene hecho un croto a la iglesia y justo acá adelante de todo el mundo ni siquiera se afeitó un poco y encima con esa panza que tiene por favor nada que ver con Pablo qué turro la percha que tiene y todo lo demás que lleva bien escondido para mí solamente para darme a mí dale Pablo mirame por favor Pablito querido que Osvaldo está dibujado no existe... pero no hay caso Pablo no me mira es repiola el guacho el hijo es parecido no estaría nada mal que la nena le echara el ojo lástima esa engrupida de Marcela que no se le despega lo tiene agarrado del brazo si supiera esa nariz parada frígida de mierda flaca escuálida reventada pero lo importante lo que me alienta es que me prometió que me iba a llamar y él sí que no me falla nunca siempre listo me dice siempre y es verdad vamos dale dale Pablito amor llamame esta noche sin falta a la hora que vos sabés que tengo tantas cosas para contarte decirte por ejemplo qué caliente me tenés no lo puedo creer tanta calentura a esta altura del partido que aunque no se lo diga igual se da cuenta... ay ay no sé qué le pasa ahora a este curita no se le entiende nada lo que dice parece nervioso hoy otras veces se lo ve tan sereno y tan claro para hablar será este calor del demonio acá adentro no hay nada que hacerle demasiado joven le falta experiencia si se debe haber recibido y lo habrán mandado enseguida para acá cuánto hará que vino un año más o menos me parece que poco después del incendio ... lo que me llama la atención es la insistencia de la nena que no que teníamos que venir los tres a misa que la familia y que los tres juntos y qué sé yo todo lo que dijo sobre todo para convencerlo al cabezón del padre y es raro porque siempre quiere venir sola y cuando la acompaño que sé que también va a estar Pablo le da una bronca que ni me habla ni me mira por la calle será que quiere encontrarse con algún amigo a la salida porque ya me la veo venir un día de estos se aparece en casa con un noviecito y bueno yo a su edad ya había tenido mis lindos asuntitos... mejor ni acordarme qué metida de pata hice al quedarme con Osvaldo... ufa padrecito de juguete ya lo escuché y qué le vamos a hacer parada no me puedo quedar pero qué macana se me va a arrugar la pollera.

... y no nos dejes caer en la tentación...

Y bueno, ya no hay retorno y no me arrepiento. De nada me arrepiento, las cosas simplemente suceden. Me dieron trabajo, por un momento pensé que iba a ser imposible lograrlo, papá sobre todo que no quería saber nada de venir, pero los convencí, vinieron y acá estamos los tres, como cualquier familia normal. Va a ser jodido, se van a poner mal y lo lamento por ellos, no habrán sido los mejores pero son los míos. Lo hecho, hecho está y lo peor sería andar con mentiras, eso no me lo quita nadie de la cabeza. Cuando termine la misa les vamos a hablar, así lo arreglamos la semana pasada con Julián luego de discutir bastante, se lo hice jurar por Dios y todo. Porque yo el hijo lo voy a tener. No fue producto de una calentura del momento, Julián jura que me quiere y yo le creo. Claro que me quiso hacer desistir y eso me dolió mucho, no era lo que esperaba de él, pero bueno, me pidió que lo pensara y lo pensé. Es el padre y lo amo, siempre hice lo que él me pidió pero esta vez me puse firme, ni un paso atrás, ni loca aceptaría hacerme un aborto. No nos podemos casar, no están dadas las condiciones, mala suerte, el futuro dirá. Te estoy mirando, no te hagas el distraído, qué lindo sos Julián, cuánto te quiero mi amor imposible. Por qué digo imposible, quién te dice que cuando lo vea al pibe se anime a dar el paso, porque va a ser un varón, seguro, y va a saber quién es su padre, no podría soportar que viviera en el engaño. Tal vez se palpiten algo los viejos, pero no creo, si casi nunca hablamos, muy poco hablamos, eso está mal, lo reconozco. Parecen inquietos, no se dan cuenta pero se mueven en su lugar, se la pasan mirando a la gente de la otra fila, mamá se vistió como nunca y está toda colorada, uy, y el viejo ni sabe lo que hacer, si jamás viene a misa, para peor me lo traje acá adelante, me imagino lo que estará pensando, pobre, está gordito, cómo transpira, ahora me mira como si recién me conociera, como si me estudiara, sí, mirame bien, soy tu hija, papá, la que tuviste en brazos, a la que le calentabas la mamadera y le cambiabas los pañales, sucede que crecí y no te diste por enterado. Y a mí antes tampoco me gustaba venir a la iglesia, me tenían que arrastrar a la fuerza, me acuerdo cómo puteaba por lo bajo porque me obligaban a venir. Cómo cambian las cosas. Por eso mismo, con el tiempo las cosas cambian, y yo tengo todo el tiempo del mundo, y con mi hijo a mi lado la vida va a ser distinta. Ojalá se le parezca, que tenga esa cara angelical de mi Julián. Ay, Julián, qué nervioso estás hoy, vos siempre tan seguro, con tanta facilidad de palabra, no me vas a decir que es por el calor, pero quedate tranquilo, ya te entendí, conozco tu rutina, querés que me arrodille, te gusta verme de rodillas.

Por mi culpa, por mi gran culpa.


Mario Capasso

©2002

Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 23 . Jul . 02
Comentario de: Graciela María
Email: gracielamaria45@hotmail.com
Pais: México
Calificación: 6

COMENTARIO: La falta de puntuación, que en el caso de esta historia resulta indispensable, hace que la lectura sea cansada. Terminé de leerlo más por disciplina que por gusto, pero sentí ganas de botarlo en la primera parte.



Fecha: 22 . Jul . 02
Comentario de: Karina
Email:
Pais: Colombia
Calificación: 8

COMENTARIO: ES UNA HISTORIA CON UN BUEN ARGUMENTO AUNQUE EN ALGUNS OCACIONES TIENDE A SER MONOTONO Y EL LECTOR PUEDE CANSARSE ESO PUEDE SER DEBIDO A LA FALTA DE PUNTUACION DEBIDAMENTE COLOCADA, PERO DE RESTO TIENE UNA BUENA TRAMA E INESPERADA, ESO ESTA BIEN....



Fecha: 13 . Jul . 02
Comentario de: Marlu
Email:
Pais: Perú
Calificación: 5

COMENTARIO: El cuento es mas o menos de mi agrado. Esta flojo. No tiene signos de puntuacion. Le falta eso que hacer que lector se mezcle en la trama. Pero igual sigue adelante y a lo hara mejor. Suerte.



Fecha: 29 . Jun . 02
Comentario de: lucia
Email: luzcanel2000
Pais: Paraguay
Calificación: 10

COMENTARIO: Es un cuento muy bien logrado y me gustó su estructura, la historia narrada por trespersonajes en primera persona, revela muchaperspicacia de parte del autor al hacernos conocer lo que piensan cada uno de ellos. Mario, escribí,no seas rencoroso



Fecha: 09 . Jun . 02
Comentario de: Juan Carlos
Email: juancar@nova.es
Pais: España
Calificación: 8

COMENTARIO: Desde la primera pagina me enganchó. Su estructura a la vez que compleja es audaz y el interes aumenta con cada palabra, cada frase, cada parrafo, nada sobra y nada falta.



Fecha: 05 . Jun . 02
Comentario de: EDUARDO RIVERO R
Email:
Pais: MEXICO
Calificación: 8

COMENTARIO: ME GUSTO COMO FUE NARRADO, PUES TENIA ALGUNAS PARTES COMICAS, Y APARTE UN POCO DE RIVALIDAD



Fecha: 05 . Jun . 02
Comentario de: EDUARDO RIVERO R
Email:
Pais: MEXICO
Calificación: 8

COMENTARIO: ME GUSTO COMO FUE NARRADO, PUES TENIA ALGUNAS PARTES COMICAS, Y APARTE UN POCO DE RIVALIDAD



Fecha: 03 . Jun . 02
Comentario de: Rammses-zkb
Email: rammses_zkb@hotmail.com
Pais: México
Calificación: 8

COMENTARIO: Esta muy bien este cuento. Tiene la suficiente trama, muiy interesante y sobre todo muy bien. eslo que pasa regularmente hoy en día.



Fecha: 06 . May . 02
Comentario de: Juan
Email:
Pais: Argentina
Calificación: 5

COMENTARIO: Está plagado de lugares comúnes y frases hechas. No participo para nada de la estética del costumbrismo argentino. Me parece un lugar que ha sido demasiado transitado por novelas y series de televisión contaminadas por estos mismos personajes chatos y mediocres;por las mismas anécdotas anodinas e insulsas. La buena literatura merece un poco más de esfuerzo amigo, esmerate un poco más.



Fecha: 26 . Apr . 02
Comentario de: JManuel
Email: hcsnemrebu@yahoo.com
Pais: Mexico
Calificación: 10

COMENTARIO: Como tus cuentos anteriores este tambien me gusto Mucho! Me gusta tu narrativa y el tema me parecio francamente muy interesante, ironico y en cierto grado comico. Felicidades! Sigue escribiendo.



Fecha: 23 . Apr . 02
Comentario de: reme
Email: zuruaga@hotmail.com
Pais: españa
Calificación: 7

COMENTARIO: entretenido y ¿por qué no hay comas en el dialogo de la madre?



Fecha: 21 . Apr . 02
Comentario de: gabriel
Email:
Pais: argentina
Calificación: 5

COMENTARIO: el estilo ya lo transito osvaldo soriano con mejor suerte no aporta nada a la critica que se le hace a la iglesia es facilista e inexpresivo



Fecha: 18 . Apr . 02
Comentario de: Norberto Olaizola
Email: nor_olaizola
Pais: Argentina
Calificación: 9

COMENTARIO: Me parece una ofensa gravísima a la moral cristiana... ¡Y está bien! ¡Muy divertido! (Lo de la moral cristiana no se lo tomen en serio, ¿eh?) Felicitaciones



Fecha: 17 . Apr . 02
Comentario de: Pedro Alfonso Gonzalez
Email: goojpeal@hotmail.com
Pais:
Calificación: 10

COMENTARIO: Excelente texto, bien contado, bien estructurado y mejor redondeado. El tema, es antidiluviano, pero eso no importa. El texto enriquece con tres voces. Muy bien.



Fecha: 06 . Apr . 02
Comentario de: Marina
Email:
Pais:
Calificación: 5

COMENTARIO: Mal gosto , enfadonho, cansativo



Fecha: 30 . Mar . 02
Comentario de: John Posada
Email: Nubarron@hotmail.com
Pais: Colombia
Calificación: 8

COMENTARIO: Feliz con el relato; me transportaste a la escuela de mi infancia y a la rebeldía de mi adolescencia. Me gustó tu cuento.



Fecha: 29 . Mar . 02
Comentario de: Carmen
Email:
Pais: Espana
Calificación: 6

COMENTARIO: Me molesta la prolijidad de tus exposiciones, porque podrias decir lo mismo en menos tiempo. No nos olvidemos que la verdadera naturaleza del cuento exige esa brevedad.



Fecha: 28 . Mar . 02
Comentario de: Ileana
Email: guily@fibertel.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 9

COMENTARIO: Un cuento transgresor a nuestras tradiciones educacionales, te felicito por ello, valiente exposición, sin pelos en la lengua, excelente pintura de una realidad más común que lo que piensa la mayoría. Bien estructurado a partir de las tres voces, es posible que dé lugar a la polémica, bienvenida sea, "ladran, Sancho, señal que cabalgamos".



Fecha: 26 . Mar . 02
Comentario de: claudia
Email: cbenedetti@atanorsa.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 9

COMENTARIO: Cuando lei tu cuento me entusiasmo mucho la trama, la verdad que capturo mi atencion pero no me gustan los finales precisos me quede con un gran signo de interrogacion. Eso no implica que el cuento esta verdaderamente fantastico como todo lo que leido de vos, mi humilde consejo es segui escribiendo que es lo tuyo. Exito



Fecha: 26 . Mar . 02
Comentario de: Manuel
Email:
Pais: España
Calificación: 10

COMENTARIO: Me ha encantado, de verda. NO sólo por la trama, sino por la combinación de esas tres voces en primera persona. Y el giro final, por supuesto.



Fecha: 26 . Mar . 02
Comentario de: Edu
Email:
Pais:
Calificación: 5

COMENTARIO: ¡No me gustó para nada! Sé y comprendo lo que el autor intentó hacer, pero opino que no funcionó.


Arriba

 

Un viaje desprolijo

No son tan prolijos como dicen los libros, dijo Saverio en voz alta, mientras observaba una bandada de patos negros que chapuceaban una "v" en el cielo.

Viajaba solo por la ruta. Encendió las luces del auto por costumbre más que por necesidad y en el momento que lo hizo descubrió que la tarde se había hecho noche. Con desparpajo pensó sino había sido el causante del cambio. Es más especuló, desde una vanidad sin límites, si todos los fenómenos naturales se producían cuando operaba un botón o una llave determinada. Sonrió pensando en ello, mientras el pasacasette reproducía Serenata a la luz de la luna, ejecutada por el propio Glenn Miller y la computadora del tablero declaraba 7° C, para la tarde invernal.

Afuera, el viento cacheteaba los árboles y las primeras estrellas brotaban desde la oscuridad.

Mientras el auto se deslizaba como sobre una alfombra pensó que todavía le restaban tres horas para llegar a destino. Había decidido, por primera vez, dejar unos días a su familia y descansar solo frente al mar. Con esa imagen dibujada en su mente, sintió que una calma agradable lo arrebujaba. Fue en ese momento cuando con las palmas de sus manos, acompañó el final de "Collar de Perlas", la vieja canción que Miller había dedicado a su esposa. Al soltar el volante, el vehículo comenzó a deslizarse peligrosamente hacia la banquina. Sin querer sus ojos recorrieron el velocímetro que marcaba 130 Km por hora. Luego de una gran confusión de movimientos volvió al camino.

El auto había dibujado una "s" desprolija en la autopista.

Cuando recuperó el control y la respiración, tomó conciencia que la muerte también está al lado del que disfruta de la vida como él hasta ese momento.

Hay veces en que es bueno estar solo, pensó mientras miraba por el espejo retrovisor y su corazón sumaba unos cuantos latidos más.

Cuando el casette automáticamente se dio vuelta y comenzó "Adiós a los blues", lo asaltó el recuerdo de Glenn Miller y su inexplicable desaparición.

Un pequeño avión que partía desde París, una tormenta y el mar que los deglutía. Nadie jamás los encontró.

Saverio ahora iba hacia el mar y en un segundo se le habían mezclado en su espíritu, la vida y la muerte. Padeció angustia mientras cavilaba que no es bueno que el hombre esté solo y menos en una ruta desierta. Cuando se escucho decir esto último, tomó conciencia que hacía unos instantes pensaba lo contrario y comenzó a reír festejando haber zafado de un accidente que podía haber sido fatal.

Al poco tiempo, la música lo acariciaba y la oscuridad parecía tragar el automóvil.

Lejos y adelante, surgieron dos débiles luces rojas. Extrañamente no coincidían con la recta del camino, más bien parecían estar sobre el campo y a veces daba la impresión que no tocaban el piso, como si estuvieran en el aire. No obstante, pensó, es posible que más adelante haya una curva y que la ruta esté elevada. Sumó velocidad para acercarse a las luces y no le llevó mucho tiempo ya que el pequeño auto que de eso se trataba apenas se movía. Era un fiat 600 viejo y rojo, completamente ocupado, al que pasó como una exhalación. Un auto igual al primero que tuve en mi vida, pensó Saverio sonriendo, mientras se apoltronaba en la cómoda butaca.

Algunas nubes negras como algodones deshilachados ensuciaban por momentos el cielo, que ya aparecía casi blanco de estrellas.

La ruta era la misma y el paisaje se repetía. Las líneas del piso se transformaban en blancas entrecortadas, completas, dobles o viraban al amarillo en alguna curva; sin embargo la temperatura había bajado y una suave, dulzona tristeza, lo dominaba mientras la pluralidad característica de los cuatro clarinetes de la orquesta de Miller tocaba "St. Louis Blues".

No se puede sentir tristeza en el paraíso, meditó, mientras advertía que nuevamente estaba solo en la autopista.

Así como así, imaginó que aquellos viejos fantasmas infantiles iban aparecer con sus caras repulsivas por las ventanillas o que alguien lo acompañaba detrás de él o en el piso de atrás y que en cualquier momento lo habría de asaltar tomándolo del cuello.

Un temor inmediato e inexplicable se apoderó de Saverio. Sintió desasosiego.

Todo esto meditaba cuando alcanzó a ver en la lejanía dos nuevas luces rojas aunque un poco más grandes. Esta vez aceleró con el propósito de acercarse, casi se diría en la desesperada búsqueda de compañía. En contados minutos, ya que viajaba en un auto moderno y veloz, estuvo cerca de aquel Peugeot 403 negro que lentamente había comenzado a girar hacia la derecha, para perderse en la espesura de un camino de tierra bordeado de eucaliptos fantasmales. Cuando alcanzó a percibir que cuatro personas lo abordaban y que ese era el segundo auto que había tenido en su vida, un leve cosquilleo le arañó el estómago. Recordó aquella vieja catramina con olor a aceite mal quemado, con el que los cuatro que componían su familia viajaban por la misma ruta hacia el mar. Un tiempo lejano de extrema felicidad en el que el deseo de vacaciones se unía a la aventura de viajar con un auto viejo que nunca se sabía si podía llegar a destino.

-Lo único que falta ahora es que aparezca el Fiat 1600 bordó, que tuve después del Peugeot, dijo, Saverio, en medio de una carraspera nerviosa.

Esta vez las luces que le llamaron la atención estaban detrás de él. Correspondían a un auto que venía más rápido y que en pocos minutos pasaría a su lado. Aminoró la marcha para esperarlo y cuando estuvo a la par constató que se trataba de un Renault 12 blanco con cuatro personas. Los vidrios estaban empañados por el frío y era imposible ver en detalle su interior. Sin embargo, por las siluetas, intuía que se trataba de dos personas mayores adelante y dos niños detrás. Tuvo un pequeño sobresalto cuando se acordó que él también había tenido un Renault 12 blanco.

Un rayo que garabateó el cielo en el horizonte le anunciaba que se dirigía hacia una tormenta.

Luego del momento de distracción, advirtió que el Renault se había detenido en el camino. Como era imposible retroceder tuvo que, a los pocos instantes, olvidarse de él.

El sonido de una gotas de lluvia sobre el techo, reemplazó la música del casette que había concluido. Las nubes borraron las estrellas y el ruido de un trueno desgarraba la noche. Solo quedaba una hora de viaje y no valía la pena parar.

La tormenta comenzaba a ser intensa. Apenas se alcanzaba a ver a pocos metros hacia adelante.
Distorsionadas por la lluvia, lejos, alcanzó a divisar dos nuevas luces rojas que brillaban intensamente y que por momentos desaparecían.

Recordó el consejo de manejar a la defensiva y apretó el volante con fuerza. Estaba tenso. A pesar de no quererlo estaba cada vez más cerca del auto que ahora reconoció como un Escort azul. El último coche que tuve antes que éste pensó Saverio, mientras una gota de transpiración rodaba por su frente.

Entonces tuvo una extraña premonición. Tenía la impresión que algo muy importante habría de pasar. La tormenta, la desaparición de Glenn Miller, la casualidad del encuentro con sus autos viejos, sus extraños ocupantes, todo, le comenzó a sonar como un anuncio, un presagio.

Se le helaba la sangre de solo pensar que quizás se tratara de una despedida de la vida, quizás un camino hacia la muerte.

Con la intención definitiva de desenredar esta serie de acontecimientos y casi al límite de la velocidad, se puso a la par del auto misterioso.

El velocímetro marcaba 160 Km por hora cuando lo alcanzó. Se alineó ventanilla a ventanilla y entonces observó como una mano comenzaba a limpiar el vidrio empañado del lado del conductor. Parecía un tierno saludo. Grande fue su estupor cuando la persona que manejaba lo miró fijo y le sonrió cariñosamente.

Era él mismo, con muchos años menos. Adentro, su mujer y sus dos hijos, ajenos y divertidos, reían desaforadamente.

De pronto el Escort aceleró y naufragó en la lluvia y en la noche.

Fue precisamente en ese instante en que Saverio levantó los pies del acelerador y su auto comenzó a deslizarse de costado hasta completar un primer trompo en el centro de la calzada. En la segunda vuelta le pareció que el final de su vida había llegado. Pero en la tercera, apretó alternativamente los frenos y pudo dominar la máquina en medio del campo.

Allí permaneció por largo tiempo de espaldas a la ruta mirando el negro horizonte.

De pronto, como un relámpago, una idea lo iluminó. Habría de seguir vivo, porque recordó que en la secuencia de aparición de sus autos viejos, faltó uno: el Fiat 1600 bordó.

Así como el viento despejó las nubes, su tristeza desapareció.

Los presagios también suelen ser desprolijos, razonó Saverio, en voz alta, mientras una estrella fugaz rayaba el cielo nuevamente despejado.

 

Osvaldo Santoro

©2001

Comentarios al cuento seleccionado


Fecha: 01 . Jul . 02
Comentario de: Nicolás Mateo
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Pais:
Calificación: 9

COMENTARIO: SORPRENDENTE Por lo inesperado del final y por la fluidez del relato. El clima de ruta es perfecto. Disfruté al leerlo. Abrazo. Y por más!!!!



Fecha: 20 . Feb . 02
Comentario de: Rubén García
Email: rubenrub48@hotmail.com
Pais: mexico
Calificación: 9

COMENTARIO: Felicidades. No es fácil, estar en un sólo sitio, aunque se mueva y entretener al lector y sobre todo tenerlo en suspenso. está bordado con muchos símbolos. l a música de Gleen Miller, su vida, su desaparición. el camino que seguramente siboliza la vida que recorrres,los carros que dejas, la familia, los cambios súbitos de humor y de manera de pensar y de ser se remata un final no esperado. Tal vez lo haría mas corto. La prosa agil. Me gustó



Fecha: 11 . Feb . 02
Comentario de: Rocío
Email: -
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: ME gusto mucho el cuento. es muy original y, unq fantasioso, no deja de ser realista. Me fascinó.



Fecha: 31 . Jan . 02
Comentario de: Manuel
Email: hcsnemrebu@yahoo.com
Pais: Mexico
Calificación: 9

COMENTARIO: No esperaba el final, se veía predecible pero como comentan anteriormente le diste la vuelta. Tu narrativa entretiene y atrapa. Lindo cuento.



Fecha: 11 . Dec . 01
Comentario de: Ileana
Email: guily@fibertel.com.ar
Pais: Argentina
Calificación: 8

COMENTARIO: Muy bueno. Cuando todo hacía suponer un final previsible, lo diste vuelta! Buena magia, te felicito!



Fecha: 06 . Dec . 01
Comentario de: DANIEL
Email: poetadebelgrano@hotmail.com
Pais: ARGENTINA
Calificación: 9

COMENTARIO: MUY ORIGINAL, Y MUY BUENO, CON UN FINAL QUE SORPRENDE, MIS FELICITACIONES AMIGO.


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